Destellos de luz

En el Camino de Perfección debemos avanzar sin descanso hacia Dios. Y la manera de hacerlo es volver continuamente nuestro rostro a Dios y buscarlo en cada momento dentro y fuera de nosotros. Que estas frasecitas sean para ti un apoyo, como destellos de luz del Espíritu que te ama y te guía.


Un Dios Misericordioso nos llama para que habitemos en Él; un Dios loco de Amor se humilla para habitar en nosotros.

Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios que es antes, ahora y siempre. Dios que se nos dio, se nos da, se nos dará eternamente. ¡Gloria a la Trinidad!

La paz llega tras vaciar nuestra vida sobre los demás, y ser llenado del Espíritu de Dios.

Tú estás conmigo todos los días. Permíteme, Señor, que te mire, te escuche y te abrace, cada día.

El universo entero es obra de Dios. Pero sólo nosotros podemos ser morada Suya.

No somos llamados a presentarnos ante la Santidad de Dios por un camino de tinieblas, sino a través de un Camino Santo de belleza, de luz y de entrega.

La voz de Cristo es voz de Pastor. El resto son voces de ovejas o de lobos.

Si buscas la verdad, hallarás las palabras de Cristo. Si practicas la misericordia, hallarás a Cristo.

Cristo es origen, centro y fin de nuestra salvación: rescatados por su sangre, enviados por su palabra, recibidos por su Corazón.

La fe no viene de palabras o imágenes sobre Cristo, sino de un encuentro y un abrazo después del cual nuestra vida le pertenece a Él.

Dios no se hizo Hombre para ser reverenciado como rey, sino para ser abrazado como amigo.

El pecado de los malos ata y pudre al hombre. Pero la indiferencia y el olvido de los buenos pone la losa sobre las tumbas espirituales. De lo primero se ocupa Cristo; de lo segundo debemos ocuparnos nosotros.

Hay dos tipos de ceguera: la del que no recibe la Luz, y la del que no la acepta. La primera se sana por el rebajamiento de Dios ante el hombre; la segunda, por el rebajamiento del hombre ante Dios.

Acerquemos a Dios a los pecadores. De su conversión ya se encarga Él. 

Como hijos de Dios, estamos llamados a trasfigurarnos en Él. Pero seamos conscientes de que nuestra transfiguración sucede después de nuestro Calvario.

Tres características de la tentación: siempre susurra - hay que evitarla mientras está lejos, o rechazarla si está cerca; es irracional - podemos destapar sus mentiras con sabiduría; es traicionera - necesitamos aliados para defender nuestros puntos débiles.

Dios no nos pide no hacer planes. Nos pide que nuestros planes se basen en el suyo.

La verdadera justicia no procede del castigo, sino de la conversión. La verdadera paz no procede del cumplimiento de la ley humana, sino de la voluntad de Dios.

¿Queremos abrazar a Dios? Abracemos al necesitado. ¿Queremos ver a Dios en todas pares? Descubrámoslo en el rostro de cada hombre.

Haciendo obras de luz damos gloria a Dios; y bendiciendo a Dios hacemos obras de luz. Porque tanto el que obra bien como el que bendice a Dios ante las obras buenas cumple su voluntad.

Ante Dios todos somos pequeños. De modo que no espera de nosotros grandezas, sino pequeñeces hechas con los ojos puestos en Él.

Somos testigos de Dios no sólo cuando predicamos su Palabra, sino también y especialmente cuando comunicamos nuestra experiencia de Dios.

El poder de Dios es agua sanadora para los pecadores, fuerza para los débiles, perfección para los fuertes y gloria para Cristo.

Dios es siempre sobreabundancia. Recibirle implica comunicarle. Ser vaso suyo implica ser testigo suyo.

La gracia y la verdad nos llegan por Jesucristo. ¿Dónde las buscamos nosotros?

A nuestras pequeñísimas obras de amor, Dios responde con maravillas inefables.

Dios no nos pide realizar maravillas. Sólo nos pide ser testigos de las que Él realiza; pero nos lo pide en cada momento, y hasta el final. 

Tememos a Dios porque nos amamos a nosotros más que a Él. Amémosle sólo a Él, y dejaremos de temerle.

El verdadero amor no espera la venida del Amado; la reclama.

Es difícil pedir perdón a un Dios Todopoderoso. Pero a Uno sufriente, cercano, a Uno que llama a nuestro corazón suplicando amor, ¡qué fácil es!

No luchamos para vencer en el mundo. Vencemos porque luchamos en el mundo.

Fundamentemos nuestras relaciones en Dios, porque así durarán para siempre.

Obrar mal nos aparta de Dios; pero justificar nuestro mal nos aparta de su Misericordia.

No nos separa de Dios el ver el bien en nosotros; nos separa el no referirlo a Dios, y el no verlo en los demás.

Toda oración justa es escuchada por Dios; pero hay dos maneras de acelerarla hasta el Corazón del Padre: la perseverancia, y el amor.

La confianza en Dios nos abre las puertas de su poder; el agradecimiento, las de su amor.

Somos criaturas con anhelos de un dios. Y, para conseguirlos, Dios nos reclama que nos reconozcamos criaturas ante Él.

Nuestra llave para entrar en el cielo se encuentra en el corazón de  quienes necesitan nuestra ayuda. ¿Qué hacemos para conseguirla?

Cuando conseguimos el perdón de los deudores de Dios utilizando como moneda de pago su Misericordia, el mismo Dios se convierte en deudor nuestro.

Dios no desea estar cerca de nosotros, sino dentro de nosotros. Pues estando cerca es Dios; pero estando dentro es nuestro Dios.

Abracémonos a la base de la cruz de Cristo. En el otro extremo, está Él.

Frecuentemos los últimos puestos del mundo. Pues de allí salen muchos amigos y acreedores de Dios.

No es la cercanía, sino la amistad con Dios la que nos salva. Y no es estrecha la puerta del Reino porque no quepamos todos, sino porque evita que entre el que está engordado por el vacío del mundo.
Esperemos del fuego de Cristo la unión en el amor; pero no la integración en el consenso de la injusticia.
Aun teniendo bienes, podemos tener a Cristo. Pero si los abrazamos, no podremos abrazarle a Él.
De los bienes guardados obtenemos frutos durante pocos días. De los bienes donados obtenemos frutos por toda la eternidad.
Dios no promete recompensas pequeñas.
Dios no viene nuestro corazón para ser servido, sino para ser amado.
No somos prójimo de una persona porque le sanamos, somos prójimos porque Cristo nos ha sanado a ambos.
El Reino de Dios se recibe como regalo, y se construye como misión.
El Reino de Dios comienza cuando todo lo que hay en nuestro corazón lo pone Dios. A la Verdad no se llega por consenso, sino por escucha, aceptación y vivencia.  La petición de perdón a Dios recibe siempre una respuesta inmediata. Cómo no asombrarse del amor de Dios, cuya voluntad es movida por nuestras lágrimas. Las obras de Dios son de poder y de amor. Las nuestras sólo pueden ser de amor; pero nuestro amor atrae el poder de Dios. Aprendamos del poder de la Trinidad, cuya raíz y fruto es la comunicación de sus bienes. Peace is the scent of the Holy Spirit. Cuando nuestro corazón rebosa de alegría y no podemos sentir a Cristo, es porque el Espíritu Santo nos abraza. Salvado por Ti: alegría y amor. Testigo tuyo: honor y entrega. Morada tuya: asombro y contemplación. La cruz es más que el altar de la muerte del Salvador; es la prueba final del amor que Jesús nos demanda. Estamos en las manos de Dios. Sólo nos pesa lo que no dejamos en ellas. Dios nos da a conocer su voluntad a veces con órdenes, a veces con preguntas, a veces con silencios. Llevemos ante Cristo nuestra fe, y Él traerá ante nosotros la paz. Nuestra fe curará sus heridas, y su paz las nuestras. Dios no sufre derrotas jamás; aunque a veces deja de manifestarse por un momento, para prepararnos a una victoria mayor de la que esperábamos. Sabiduría de Dios: Él conforta a quien lo abraza, consuela a quien le enjuga el rostro, alienta a quien le acompaña al suplicio, da la victoria a quien muere con Él. No esperemos encontrar condenación en Dios-Misericordia. No esperemos encontrar perdón si le rechazamos. La misericordia transforma el poder en amor; un Dios todopoderoso y misericordioso, ¡es un Dios todo Amor! Dios permite un mal, fruto del pecado humano, por cada mil bendiciones enviadas por su misericordia. En la Humanidad de Cristo apenas podemos ver la Omnipotencia de Dios, pero sentimos tan cerca su amor infinito hacia nosotros. La Palabra de Dios se reafirma con obras de Dios, no con las del demonio.. No nos asombremos de ver milagros mientras estamos junto a Cristo. Asombrémonos de poder estar junto a Él. Que el ir a hombros de Cristo a diario no nos haga dejar de asombrarnos, olvidando que Él es Dios, y que estamos en sus hombros porque nos ha rescatado. Tu vida es parte del mensaje de Dios al mundo. Y se está cumpliendo en este preciso momento. Si quieres ser santo, invita a Cristo a dirigir tu vida. Si quieres serlo ya, entonces invita también a María para que se encargue de los tiempos... Entrando en las aguas, santificas las aguas; entrando en la familia, santificas la familia; entrando en la Historia, santificas la Historia; ¡entra en mi corazón, Señor!

En la Sabiduría, somos sabios; en el Salvador, somos salvos; en el Hijo, somos hijos; en el Amor, somos amados. ¡Cuánto perdemos cuando nos alejamos de Ti!

Erramos cuando buscamos a Dios en las palabras de los hombres, porque nos espera en el Evangelio; cuando le buscamos en los templos de los hombres, porque nos espera en la Iglesia; cuando le buscamos en el pan de los hombres, porque nos espera en la Eucaristía.

  • 20/Dic/2015 [Lc 1, 39-45]

Hablar con amor a María es la manera más segura de hablar bajo la inspiración de Dios.

  • 13/Dic/2015 [Lc 3, 10-18]

Nunca me has pedido grandes obras, Señor. Sólo mis mejores obras.

  • 6/Dic/2015 [Lc 3, 1-6]

Los únicos muros que se construyen frente al Amor de Dios son los de nuestra alma. 

  • 29/Nov/2015 [Lc 21 25-28.34-36]

Dame humildad, Maestro mío, para dejarme encadenar, humillar y matar por mis enemigos; dame fuerza, Rey mío, para defender con valor a quienes me has encomendado de los que quieren encadenarlos, humillarlos y matarlos; dame sabiduría, Amor mío, para distinguir cuándo debo hacer cada cosa.

  • 22/Nov/2015 [Jn 18, 33b-37]

El Reino de Dios no es de este mundo; pero somos herederos del Reino cuando, todavía en este mundo, acogemos la Verdad en nuestro espíritu.

  • 15/Nov/2015 [Mc 13, 24-32]

Cuando rezamos el Padrenuestro, nuestra voz resuena en la eternidad.

  • 8/Nov/2015 [Mc 12, 38-44]

No es rico el que tiene riquezas ante los hombres, sino el que tiene por deudor a Dios.

  • 1/Nov/2015 [Mt 5, 1-12]

El Reino no se gana mirando a Dios en el Cielo, sino encontrándolo en la Tierra.

Querer ver, para verte. Querer oír, para escucharte. Querer andar, para seguirte. Querer sentir, para amarte.

Nuestra gloria no está en un puesto junto a Cristo, sino en que nuestro nombre esté escrito en su Corazón.

Dios se alegra de llamarnos, aunque no le respondamos. Alegrémonos de decirle que sí, aunque no oigamos su llamada.

Cuando dejemos de interpretar lo que Dios dice, cuestionar lo que Dios hace, destruir lo que Dios crea y separar lo que Dios une, conoceremos en plenitud su Palabra, su Obra, su Creación y su Amor.

Misericordia para los demás, para recibir la de Dios. Exigencia para uno mismo, para que Dios no nos exija.

Tanto nos amas, Señor, que nos pides te sirvamos en los que nos necesitan.

Dios es Dios para nosotros no cuando le declaramos como tal, sino cuando le dejamos actuar como tal en nuestra vida. 

Cuando abrimos nuestro corazón a la Palabra de Dios, se abre nuestra voluntad a su acción.

La pureza es la medida de la cercanía a Dios. 

Amar a Jesús cuando sonríe, cuando perdona, cuando habla palabras sencillas de bienaventuranza, cuando se transfigura, es fácil. Amarle de verdad es amarle cuando corrige, cuando exige, cuando habla de lo que no entendemos, cuando se entrega en la cruz.

La gracia de Dios transforma lo cotidiano en sobrenatural. La debilidad en belleza, el dolor en redención, el alimento en vida eterna. 

El Pan de Vida lo recibimos en la boca, lo abrazamos en nuestro entendimiento, lo amanos en nuestro espíritu.

La fe no cambia la realidad; nos hace partícipes de ella

Los milagros de Dios se construyen sobre las manos abiertas de los hombres

No me importa ir por valles oscuros, o sentarme frente a mis enemigos. Sólo pido no sentirme lejos de mi Pastor.

Dispuesto a lo que Dios quiera: predicar en el desierto sin frutos, o echar demonios con el poder de Dios. trabajo para el Reino, no lo diseño.

La Palabra de Dios no se proclama por los frutos que vaya a dar, sino por los que ya ha dado.

Dios se cansa pronto de nuestros discursos racionales. Pero está siempre atento a cualquier palabrita que pronunciamos con fe.

En toda tormenta de nuestro corazón, está Jesus junto a nosotros, en silencio. Basta un grito de fe, o un susurro, o una mirada, para que el Príncipe de la Paz nos la regale. 

Si la medida de nuestras obras es nuestro esfuerzo, su valor será humano. Pero si su medida es la acción de Dios que las incorpora a su Reino, su valor es divino.

Que mi persona y mi casa, Señor, estén siempre preparados para Ti y tus elegidos.

El Salvador está con nosotros en nuestri renacer a la vida. El Señor del universo, al final de nuestros días. El Amante de nuestra alma, cada día de nuestra vida.

Que mi vida sea un soplo de tu boca, Señor.

El fruto de la Pascua en nuestra alma es la Navidad en la de quienes escuchan nuestro testimonio

El mayor don precede a nuestra vida: ser elegidos por el Amor. La única respuesta que honra nuestra elección dura una eternidad: permanecer en Él.

La gracia de Dios es vida, y su presencia fuego. Ante Él arderemos, o de amor al Amor, o de odio al Justo.

La voz del Buen Pastor no nos guía por verdes praderas, sino hacia verdes praderas. Y aun las cañadas más oscuras son camino de salvación, si las recorremos siguiéndola.

Hazme niño, Señor, para ver acercarme a Ti con naturalidad y confianza.

Creer en Ti sin haberte visto, para ser amado por Ti sin merecerte.

A quien tiene fe, le basta la sombra de Cristo.

Bajarse de nuestras cruces nos hace humanos. Permanecer en ellas, nos hace redentores.

Siempre junto a Ti, Jesús. Aún a riesgo de poder traicionarte, por la gracia de poder servirte. Siempre junto a Ti.

El amor convierte nuestras almas en espejos espirituales, donde la luz de Dios refleja Su rostro. La falta de amor nos convierte en barro espiritual, que la luz de Dios seca y agrieta.

Construir el templo de nuestra alma sólo le es posible a Dios. Arruinarlo eternamente, sólo a nosotros. 

El mundo da momentos de fama. Los de gloria, proceden sólo de Dios.

Todas las circunstancias de la vida pueden ser una ocasión de acercarnos a Dios.

La voluntad de Dios es que seamos sanos, sabios y felices. Sólo hay algo en el mundo que puede evitarlo: nuestra propia voluntad.

Pasemos, de ser seguidores de Cristo que gozan del perfume de sus huellas, a amigos que le miran al rostro, para contemplar la Verdad y la Vida.

Cualquier profeta o santo, de cualquier religión, puede enseñar a personas con voluntad de mejora un camino de bondad.
Pero sólo Dios mismo puede descender hasta donde el mal reina, a liberar a los que allí moran, en virtud de su amor todopoderoso.
 

La misión a la que Dios nos llama no es nunca dejar lo malo por algo bueno. Es siempre renunciar a algo bueno por aquello que nos hará felices.

Todo Pedro necesita de un Andrés que le señale al Mesías. Hazme Andrés, Señor, de los Pedros que Tú pongas en mi camino.

Aunque no somos dignos de agacharnos a servirte en persona, nos esperas en tantos hermanos, en los que podemos honrarte.

A cada persona nos es dado el poder escuchar el Verbo pronunciado por Dios Padre. Y, quien lo escucha, conoce la Mente y el Corazón de Quien engendró al Verbo.

El Amor trajo la salvación al mundo. La obediencia trajo al Amor desde el cielo. Ambos, amor y obediencia, son la raíz y el fruto de la familia.

Nos acercamos a Dios a través de María. Recibimos a Dios junto a María. Tenemos a Dios gracias a María.

La llamada de Dios es susurro dulce para el que cree, palabra de aliento para el que duda, y grito de amor para el que está lejos.

El cuerpo del penitente se sumerge en agua, que limpia pero no nos permite respirar.
Su espíritu, en el Amor de Dios, que purifica y da al alma su verdadero aliento de vida.

Velar es unir este momento al momento de nuestra Unión, para que en ambos nuestro corazón esté junto al de Quien nos ama.

El Amor de Dios ha hecho que servir a los demás no sea sólo un deber de justicia, y que sea más que una muestra de amor a los predilectos de Dios; lo ha hecho ante todo un honor, porque en nuestro prójimo servimos al mismo Dios, antes de poseerle en el Paraíso.

No somos fieles porque tenemos más talentos; sino que Dios da más talentos a los que son más fieles.

Las ruinas que produce nuestro odio son taller de creación para el amor de Dios.

Tú eres el Alfa, Verdad que se derrama en Amor creador sobre el Universo. Tú eres la Omega, Vida eterna nuestra que llama y espera. Tú eres el Camino, Compañero amoroso que nos recuerda la Verdad, nos da Vida en cada instante, y se hace carne en nosotros para hacernos espíritu en Dios.

Un Dios que nos manda ser felices y hacer felices a los demás, es un Dios que nos ama antes y por encima de nuestro amor.

Jesús no nos quita los yugos del mundo. Pero los transforma de medios de esclavitud a medios de santificación.

No es nuestra bondad la que nos salva. Es nuestra respuesta a la llamada de la Misericordia de Dios.

Nuestra voluntad terrena es el labrador que mata a Cristo en nuestro espíritu para adueñarse de la viña de nuestra vida. ¡Toma posesión de tu viña, mi Amado Viñador!

Con la facilidad con la que nos olvidamos del amor de Dios, Él se olvida de nuestros desprecios. 

Señor, poder servirte en mi última hora es mi esperanza. Poder servirte ahora mismo es mi alegría.

Amor se escribe con C de cruz. Dios se escribe con A de Amor. Cristo se escribe con D de Dios.

Dios habla a cada corazón a solas. Pero le encanta que le respondan varios unidos.

Siguiendo nuestra voluntad vivimos la vida que planificamos. Aceptando la de Dios, vivimos la que Él ha planificado para nosotros.

No podemos aspirar a ser la piedra SOBRE la que Cristo construye la Iglesia, pero sí debemos aspirar a ser piedra CON la que Cristo construye la Iglesia.

Acerquémonos a la mesa de Cristo a tomar las migajas que caen, y Él mismo nos servirá manjares eternos.

Dios está detrás de algunas tempestades de nuestra alma, pero siempre está antes de la paz en ella.

Del pedazo de pan y el pez de mi vida, Cristo puede alimentar a la humanidad. Sólo necesita que yo lo ponga en sus manos.

Seamos aficionados de las cosas del mundo, y profesionales de la búsqueda del Reino de Dios. 

Lo que es energía en los ojos y los oídos, se convierte en imagen y palabra en el cerebro, y en regalo y vida en el espíritu.

Con la carne vemos las obras de Dios, y escuchamos sus palabras. Pero es en el espíritu que vemos a Dios, y nos alimentamos de su Palabra.

Inefable misterio Eucarístico, en el que Cristo habita no sólo nuestro espíritu, sino también nuestro cuerpo, preparándolo para la glorificación eterna. 

Nuestra fe es la llave al Corazón de Cristo. Dentro de él, el amor del Padre hacia el Hijo se llama Misericordia; fuera de él, se llama Justicia.

Si el fruto de la presencia de Cristo es la Alegría, el de la venida del Espíritu es la Paz.

El Espíritu de la verdad no viene a través de la razón de quienes quieren poseer la verdad, sino a través del alma de quienes aprenden a amar a Cristo-Verdad.

No quiero un camino que no esté construido sobre la Verdad. No quiero una verdad que no dé Vida. No quiero una vida que no dure eternamente. ¡Te quiero a Ti, Jesús mío!

Concédeme, Señor, el don de reconocer y seguir tu voz. Siempre.

La fe es sembrada por el testimonio de otros, pero crece por la experiencia vital de Cristo junto a nosotros.

Hay tantas llagas de Cristo en nuestros hermanos que sufren. Metamos en ellas las manos de nuestra fe, y curémoslas con el ungüento de nuestro amor.

A quien está muerto espiritualmente le colocan otros donde quieren. A quien tiene vida, en cambio, el Espíritu le hace correr con libertad hacia el Señor.

El presente pertenece a los cuerdos; la eternidad, a los locos.

Jesús nos libera del poder de la muerte. Pero desatar nuestras manos de las vendas de los vicios, corresponde a los hermanos en la fe.

Que nuestra misericordia no tenga sábados jamás, Señor.

Asómate, Señor, al pozo de mi corazón. Que tu sangre transforme el agua estancada de mi alma en torrente limpio que anuncie tu amor más allá del brocal de mi vida.

El toque misericordioso de Jesús nos prepara; su voz que pronuncia la Palabra de Dios nos anima; su mano llagada nos alza del temor, del pecado y de la muerte, al amor y a la vida eterna.

Dame, Señor, espaldas anchas para los latigazos del demonio, y oidos estrechos para sus insinuaciones.

Entreguemos nuestro presente a Dios, para que nuestro futuro esté en sus manos.
 

Seamos perfectos, como Dios es perfecto. Dios es Amor. Seamos amor.

La ley religiosa es eco de la voz de Dios, es pedestal en el que se alza la verdadera Voz hecha carne: Cristo.

No es en el valle de la comodidad mundana, sino en la costosa subida a la cima del servicio, donde Dios elige a los que lleven su luz al mundo.

Esta es la bendición del creyente: ver y abrazar a Cristo antes de encontrarse con la muerte.

El pescador, nuestra voluntad. Las redes, nuestros bienes terrenos. El lago, la vida en la tierra. Las manos del pescador deben ser dueñas de la red, para lanzarla, recogerla o soltarla ante la voz del Maestro. Si no, el pescador pertenece al lago, y perecerá en él.

Que toda mi vida sea señalarte, Señor; con mis palabras, con mis elecciones, con mis pensamientos, con cada uno de mis pasos
 

Que tus razones desconocidas, Señor, me muevan a la admiración, nunca a la duda.

Sólo hay una acción justa ante la Palabra: escucharla. Sólo hay una acción justa ante el Emmanuel: recibirle.

Hay un único paso entre la inspiración de Dios en nuestra vida y el cumplimiento real de su voluntad: el que nos levantemos.

Que acojamos en nuestra vida, Señor, a quienes nos traen la locura de tus divinos planes.

Nos escandalizamos de Dios cuando pedimos razón de sus acciones. Dichoso el que las ama sin juzgarlas.

En el seno virginal de María debió ser concebido el Hijo de Dios para el mundo; en su Corazón Inmaculado, debemos ser concebidos los hijos de Dios para el cielo.

No me importa no saber cuándo viene mi Señor. Lo que quiero es no olvidar ni un momento Quién es.

Un rey no se salva del peligro, sino que lo vence para salvar a otros de éste. Así Cristo con la muerte.
Un amigo ve grandeza donde otros ven fracaso. Así nosotros con Jesús.

No se nos pide fuerza en la persecución, pero sí alegría; no se nos pide elocuencia, pero sí confianza; no se nos pide victoria, pero sí perseverancia . Porque la fuerza, la elocuencia y la victoria, son de Cristo, a Quien nos une nuestra alegría, nuestra confianza y nuestra perseverancia. 

No eres mi Dios porque estoy vivo; estoy vivo porque eres mi Dios.

Señor, hazme higuera en tu camino, para que tus Zaqueos te puedan ver a hombros de mi torpe testimonio.

Gracias, Señor, por cuantas veces te pedimos perdón por nuestra falta de amor; perdónanos, Señor, por cuantas veces no te damos gracias por el tuyo.

Antes de que te busquemos, Señor, nos llamas. Antes de que oremos, nos escuchas. Antes de que nos enamoremos de Ti, nos amas.

La fe nos alcanza los beneficios del Corazón de Cristo; pero sólo el amor nos permite entrar en él para siempre. 

Señor, dame fe para arrancar los árboles del pecado de mi propio espíritu, y enviarlos al fondo del mar de tu Misericordia.

La pobreza nos evita muchas tentaciones; pero sólo su aceptación alegre nos pone en camino al cielo. 

Sirviendo al Señor nos convertimos en fieles; sirviendo a otros señores, en esclavos.

Lo más extraordinario de la Misericordia de Dios no es el perdón de nuestros pecados; sino el amor con el que Él nos busca cuando le hemos ofendido. 

¿A qué bien puedo renunciar que no me hayas dado Tú, mi Señor? Sólo hay un Bien, y ningún bien es bien si no es en Ti. Mi Bien.

Contigo, Jesús, en el último puesto. Contigo. 

Que Jesús esté con nosotros no es garantía de salvación; que nosotros estemos con Él, sí. Pues nuestra soberbia puede rechazar su fidelidad, pero su Misericordia no puede rechazar la nuestra. 

La fe siempre nos separa de lo temporal del mundo; y nos hace parte de una familia inseparable y eterna.

Guarda Tú mi corazón, Señor. Cuando vengas, sin que yo lo espere, me lo devuelves - o me das el tuyo...

Pedir a Dios que nuestros hermanos hagan un acto concreto de justicia es no conocerle; más bien debemos pedirle que sean justos

Dios nos escucha con la paciencia y el amor de un Padre, y así espera que le hablemos con la confianza y la sencillez de un hijo.

Acoger a Cristo como Señor implica abrirle las puertas de nuestra casa, y darle todo lo nuestro.  Acogerle como Esposo implica abrirle las puertas de nuestro corazón, y permanecer ante Él, recibiendo de lo suyo.

Misericordia es el amor de Dios ante el cuerpo y el alma que necesitan sanación.

El premio a nuestra fidelidad no es el poder de Dios; nuestro premio es su amor.

Jesús, no necesito saber dónde me llevas. Sólo quiero poder reclinar mi cabeza en tu Corazón. 

Cristo pregunta a todo nuestro ser. La respuesta amorosa de nuestro cuerpo ayuda a preservar el orden natural; la de nuestra mente, a conocer el misterio de Dios; la de nuestro espíritu, a comenzar la vida eterna.

Reconocernos pecadores, infieles e indignos, nos ayuda a valorar el infinito amor de Dios, que nos perdona lo que nadie podría, y nos ayuda a ser misericordiosos con los demás, que no tienen pecados mayores que los nuestros.

Aun encerrados en el féretro de nuestros vicios, prejuicios, miserias y mentiras, la sola voz de Jesús puede rescatarnos. ¡Que tu Palabra llegue a nuestra alma inerte, Señor!

El milagro espiritual de la Presencia eucarística es prefigurado en el milagro físico de la multiplicación de los panes. Bien podría habernos dicho Jesús, como ante el paralítico: ¿qué es más fácil, permanecer en el pan con vosotros para siempre, o dar de comer a esta multitud? ¿Qué habríamos respondido?

No sólo somos creados a imagen de Dios; somos llamados a participar de su vida Trinitaria: a ser perfectos como el Padre, a amar como el Hijo, a anunciar como el Espíritu Santo.

El perdón es el primer regalo pentecostal, el atrio del templo del amor de Dios. Es el abrazo misericordioso del Padre, el fruto de la sangre del Hijo, el aceite de unción del Espíritu Santo.

La gracia de Dios entra en nuestro corazón cuando escuchamos su Palabra, y es derramada por nuestros labios cuando la anunciamos.
 

Es una pompa de jabón la tranquilidad que trae una receta médica, un acuerdo firmado, una sentencia legal. La verdadera, sólida y permanente paz es la que nos da el amor de Dios.

El amor de Cristo es nuevo en cada momento, en cada persona. Así debe ser nuestro amor; así nuestra esperanza; así nuestra fe.

En tu mano, Señor, no temo nada. ¡Hazme sensato, Jesús, para no alejarme de ella!

Las preguntas que Dios nos hace no son para expresarnos sus dudas, sino para purificar las nuestras.

Las llagas de Cristo nos curan, pero es su Presencia viva la que nos impulsa a luchar por su Reino.

El que camina hacia Dios, acaba encontrándole. Pero el que corre hacia Él tiene más tiempo para gozar de su amor.

El amor ilumina la razón, llevándola a la mente de Dios. El odio la obscurece, alejándola de su voluntad. [Lc 23, 23]

El cenit de la misericordia de Dios no está en su compasión por la humanidad. Está en su compasión por cada uno de nosotros.

Gracias, Señor, porque no hay lugar tan lejano de Ti en este mundo que, cuando me aparto de tu Amor, deje de escuchar el susurro de tu llamada, y de sentir la sombra de tu Misericordia. Gracias porque no hay tierra de pecado por la que no pase el camino que nos devuelve a Ti.

Permíteme, Señor, ser abono de tu viña. Llevado por tus manos a donde es necesario, despreciado por su bajeza, mensajero de tu providencia.

Cuando hablamos ante Dios, nos equivocamos; cuando le tenemos miedo, nos equivocamos; cuando hacemos planes, nos equivocamos. Pero Él acoge nuestras palabras, miedos y planes con amor; y espera a que le escuchemos, para mostrarnos que sus palabras, su amistad y sus planes son los que realmente nos harán felices.

El resultado de nuestras tentaciones no depende del demonio; él siempre hace bien su trabajo. El resultado depende de nosotros; de lo cerca que estemos de Dios: en mente, voluntad y espíritu.

No espero ser digno de la misión a la que me llamas, Señor. Sólo espero recordar que no estoy a la altura, para no soltarme de tu mano.

Lo mejor de que Cristo esté junto a nosotros no es que nos proteja, o que nos enseñe, o que nos corrija; lo mejor es que nos está mostrando que nos pertenece.

Que el anhelo de los grandes bienes que Dios nos dará en el futuro no evite que apreciemos y agradezcamos los bienes presentes que nos da cada día.

Los frutos que Dios nos hace producir no son sólo buenos; son siempre los mejores posibles.

En Dios, Palabra y obra son una sola cosa. Que en nosotros la escucha y la acción estén siempre unidas.

No hay grande realmente grande para Dios. No hay pequeño realmente pequeño para Dios.

Dios se hizo Hombre, pero no se hizo mundano. Siempre nos escucha, pero no siempre nos da la razón. Nos ama, pero no nos consiente. Camina junto a nosotros, pero no para ir adonde nosotros pensamos.

Hay un sólo peldaño entre las promesas de Dios y su maravillosa realización: nuestro sí.

Para ser perdonados, necesitamos agua espiritual. Para ser renovados, fuego espiritual.

No hay llamada de Dios que no se produzca en un entorno político o social adverso. No hay entorno político o social que perdure más que la llamada de Dios.

No hay fin del mundo que no pasara junto a Ti, Jesús. No hay día ordinario que pueda pasar sin Ti, Señor.

Sea tu voz la luz que me despierta, y el arrullo que me duerme, Jesús. Sea el alimento que me da fortaleza y el aceite que cura mis heridas. Sea el refugio en que descanso, el fuego que me calienta, y la fuerza que me mueve.

Las Palabras de Cristo no pasarán. ¡Me apunto a ser de los que las escuchen durante toda la eternidad!

No podemos dar a Dios nada que no sea ya suyo, salvo nuestra voluntad. Eso es lo que quiere de nosotros.

Escuchar la Verdad nos acerca al Reino de Dios. Aceptarla y amarla, nos hace vivir en él.

El fruto principal de la fe no es la creencia, sino el seguimiento.

Tan necesario como reconocer que Dios nos llama a la perfección, es aceptar que es su voluntad la medida de la misma, y no nuestras preferencias.

La distancia entre nosotros y el cielo es la que hay entre nuestra voluntad y la de Dios.

El matrimonio es la fuente primera de ayuda, consuelo y estabilidad de los seres humanos; es el horno de la cultura y de la sociedad. Darle período de caducidad es tirar piedras contra nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.

Conocer el mal no es necesario para ser libre; al contrario, la verdadera libertad, la paz y la vida permanentes florecen muy lejos de él.

Cuando le preguntamos a Dios no le descubrimos nuestras dudas; Él ya las conoce. Cuando le preguntamos, nos disponemos a escuchar su respuesta. Haznos niños ante Ti, Señor, para preguntarte sin miedo y escuchar con admiración tus respuestas.

Tú eres mi Señor, mi Vida, mi Maestro, mi Bien. Dime quién soy yo, Jesús. 

Las gracias de Dios nunca vienen solas. Junto con el oído se nos abre la boca; junto con el alma se nos cura el corazón; junto con la alegría se nos da la paz.

Ni la tradición, ni la ley, ni la mayoría de la sociedad son garantía de justicia o verdad. Sólo la inspiración del Espíritu Santo, que las convierte en Tradición, Ley y Pueblo de Dios, vehículos de la Justicia y Verdad que empiezan y acaban en Él.

Concédeme, Señor, recordar tus palabras de vida eterna. Para tener fuerzas para volver a Ti cuando ya me he alejado.

El Juicio Final, en el que se entregará la vida eterna a los escogidos, es la exaltación de Cristo como Señor de la Creación. El que haya acogido su Cruz, su Palabra, su Cuerpo y Sangre, participará de su victoria junto el Padre.

Creer es decir sí al misterio del amor de Dios. Decir sí es recibir a Dios en nuestro espíritu. Recibirlo es comer el Pan del cielo. Comerlo es heredar la vida de Dios, vida eterna dada por Cristo a quienes creen en su palabra.

Aunque no podemos elegir cómo o dónde acabará nuestra vida, sí podemos prepararnos para este momento. Yo elijo acercarme a Aquel que saciará mi hambre y mi sed para siempre.

He aquí una excelente descripción de la empresa, la institución humana llamada a traer prosperidad al mundo entero. Una misión empresarial: "para que coman éstos"; la inestimable ayuda de las finanzas personificada en Felipe: "Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco"; un I+D+I encarnado en Simón: "aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces"; una táctica de aproximación al mercado "Haced que se recueste la gente"; una distribución eficaz "los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces"; y una política de aprovechamiento de recursos a largo plazo "Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda".

¿Qué falta en esta cadena? El emprendedor, personificado por Cristo. El que transforma recursos en riqueza; el que hace la diferencia entre el hoy y el mañana. Que Dios envíe emprendedores al mundo, y que sea Cristo el que dirija los corazones de todos los que participan en este milagroso proceso. Sólo con su bendición podemos hacer, lo imposible, real; lo real, eficaz; lo eficaz, perfecto.

Cuidarnos es necesario para ser mejores personas. Cuidar a los demás es necesario para ser personas.

Debemos pagar en el mundo la deuda contraída con quienes nos traen tu Paz. Así no les debemos nada a ellos, sino sólo a Ti.

Si es Dios Quien elige a sus profetas, y no al revés, ¿por qué nos empeñamos en decidir a través de quién nos habla Él?

Cuando Cristo nos levanta no nos deja débiles o inseguros, sino que nos limpia, nos fortalece, nos alienta, nos deja preparados para caminar junto a Él hacia el Padre.

La mano de Dios está conmigo. Me consuela, me protege, me levanta, me lleva.

Que estemos a diario un rato en silencio junto a Ti Jesús; para que puedas explicarnos tu palabra en privado.

Saber que te entregaste en la cruz por mi Salvación, me da esperanza, Señor. Recibirte ahora en la Eucaristía, me da seguridad.

He aquí dos grandísimas revelaciones: un Hombre tiene todo el poder sobre la Creación entera, y Dios es Comunidad de Personas. Asómbrese nuestra inteligencia, enamórese nuestra voluntad, sométase nuestra libertad.

La única puerta que detiene al Espíritu Santo es la de nuestro corazón. Abrámosla, y escuchemos con alegría la voz de Cristo enviándonos.

He aquí el trato: Dios nos nos da la vida, nos elige y nos llama amigos, nos descubre sus secretos para que tengamos su alegría, y nos da su propio amor; a cambio, nos pide que seamos así con nuestros semejantes: generosos, alegres, entregados, hermanos.

Es una bendición y un honor dar frutos del Reino de Dios, como sarmientos suyos. Pero lo mejor de estar unidos a Cristo-vid es participar de la savia de su Vida.

Mi único consuelo a no conocerte ni seguirte, Señor, es el que tú me conoces y me buscas.

He aquí el Evangelio que escribimos nosotros; el del día en que Jesús se nos hace presente y le sentimos vivo. El día de la Pascua en nuestras vidas.

La contemplación de Dios se sigue de nuestra espera más que de nuestra llamada. Pues Dios se nos revela en cualquier momento, y debemos dejar lo que hacemos y correr para ver y creer.

Quiero vivir la Pasión completa, Señor. No sólo como acusador en el juicio, o como apóstol traidor en el huerto, o como espectador asustado en el Gólgota; quiero testificar a tu favor, cargar con tu cruz en la vía dolorosa, contarme entre ladrones junto a ti, acoger tu cuerpo entregado, velar ante la tumba, correr ante la noticia de tu Resurrección.

Todos caemos en tierra. Si lo hacemos con Cristo, muriendo al mundo, estaremos a su lado cuando el Padre le glorifique.

No podemos hacer nada para conquistar el Corazón de Dios; salvo estar junto al de su Hijo.

No hay templo de Dios más sagrado que nuestro espíritu. Entremos con amor hacia nuestro Padre, y expulsemos con firmeza todo lo que no es suyo.

En el desierto de la Cuaresma, subamos al Tabor de nuestro espíritu en silencio, y digamos a Jesús, "Tú eres mi Hermano amado, te escucho".

"Convertíos, y creed". Primero, conversión; luego, fe. Primero debemos abrirnos a Dios, para que Él puede entrar luego y transformarnos. 

Basta la fe de uno para ser oído por Dios. Pero hace falta la fe de muchos para llegar a ser oído por los hombres.

No hay inmundicia que tu Misericordia no limpie, Señor. No hay lugar apartado donde no te podamos encontrar.

He aquí los tres sitios donde encontramos a Cristo: en los que sufren, esperando nuestra ayuda; en nuestra alma, cuando le escuchamos en silencio; en el templo, hecho Palabra y Pan de vida.

Jesús, has venido a limpiarme, a levantarme, a construirme. Sé Quién eres: ¡el Santo de Dios!

Nuestra voluntad y pensamiento actúan como las redes terrenas que nos llegan a atrapar, atándonos a las faenas del mar de este mundo. Jesús, enséñanos a soltarlas, y a levantar la vista del espíritu ante tu llamada.

No es que te quiera, Jesús, por lo que me cuentan de Ti. Te amo porque he sentido tu voz y tu presencia, porque has venido a mi casa y me has llamado a la tuya.

El amor de Dios por ti es anterior a ti mismo. Te ama en cada momento de tu vida, antes de que llegue. Te ama hasta el fin de tu vida, antes de que acabe.

Tan perfectamente escuchó María la Palabra de Dios, que la concibió en su seno. ¡Enséñanos, Madre, a escuchar a tu Hijo!

Somos tuyos, Señor, antes y después de conocerte; antes y después de negarte; antes y después de amarte. Cuando te ofrecemos nuestra vida no te hacemos más rico, sino que somos nosotros los que pasamos a serlo, heredando la tuya.

Sí, Dios mío: a lo que entiendo, y a lo que no entiendo; a lo que puedo, y a lo que no puedo; a lo que abarco, y a lo que me supera. ¡Hágase en mi tu voluntad!

Alegrémonos cuando sentimos que nuestro testimonio es un grito (o un susurro) en el desierto; porque eso es preludio de la acción poderosa de Dios, de Quien dependen nuestros frutos.

Hay que abandonar nuestro camino para encontrar el Camino. Hay que renunciar a nuestra vida para encontrar la Vida.

Jesús, aunque aún no hayas venido, me consuela saber que vivo en tu casa.

Hazme Señor, testigo de tu Misericordia; sufriendo con esperanza, y dando esperanza a quien sufre. De Ti, Misericordia, espero Justicia; de Ti, Justicia, espero Misericordia.

Acepto, Señor, las fatigas, el dolor, las dudas, el desprecio, la soledad que trae el hacer tu Voluntad. Sólo te pido, mi Dios, que nunca sienta miedo de lo que me pides, porque Tú estás a mi lado sosteniéndome.

Jesús, tuya es mi lámpara, mi alcuza y mi aceite. Tú eres la brisa de la noche y el descanso de mis ojos. Tú eres la voz que me llama y el Esposo que me abre. Tu abrazo es el verdadero y eterno banquete de bodas.

No me importa, Señor, el puesto en el que estoy si me llamas amigo. No me importa, Señor, subir o bajar, si lo hago de tu mano.

En el mundo amamos lo que conocemos y sabemos bueno. Pero amar a Dios es sentirse amado por Quien nos conoce plena y perfectamente, por Quien nos sostiene y nos da vida, por Quien nos ama primero y nos llama a Sí.

Pagar el tributo al césar es una parte del tributo que debemos pagar a Dios: de justicia en lo temporal y de humildad en lo eterno.

El único límite de la Misericordia de Dios se encuentra en la puerta de nuestro corazón.

La paciencia y la misericordia de Dios son infinitas. Pero nuestro tiempo de arrepentimiento es limitado.

Considérate un siervo de Dios, para que Él te considere un hijo. Dile que sí con tus obras, aunque digas que no con tu voluntad.

Gracias, Señor, por acogerme en tu viña; por darme trabajo, alimento y seguridad; por permitir que me una a los escogidos para tu campo; por venir a pagarme personalmente. Y deja que me quede junto a Ti, ésa es la paga que quiero.

Cuando Dios nos perdona, realiza un acto de misericordia para con nosotros. Cuando nosotros perdonamos a nuestro prójimo, realizamos un acto de justicia para con Dios.

Cuando vayas a juzgar a alguien, revisa primero la lista de tus pecados; ella te ayudará a ser prudente y misericordioso.

Estemos siempre reunidos con nuestro ángel de la guarda en nombre de Cristo. Así Él siempre estará con nosotros.

Señor, este es el trato hasta la eternidad: yo te doy mi vida, y Tú me das mi cruz. Luego yo te doy mi cruz, y Tú me das tu vida.

Cristo es quien nos da nuestro puesto en el mundo. Cuando le reconocemos como Señor, entonces recibimos de Él nuestra misión y nuestro poder.

El oído de Dios está siempre junto a nuestros labios; sus manos, abiertas ante las nuestras; su corazón, dispuesto a entregarse ante la más mínima muestra de humildad.

Donde no llegue nuestra fe, que nos permite andar sobre las aguas del mundo, llega nuestra confianza en Dios, Quien al punto acude a nuestro rescate si le gritamos al hundirnos "¡Señor, sálvame!"

Dios siempre tiene la solución a nuestras problemas; lo que pasa es nosotros mismos somos siempre parte de la solución...

Para comprar el Reino vendemos lo que tenemos. Pero lo que tenemos es pecado, y es Dios quien nos lo compra a precio de la sangre de Jesús, para que con nuestra libertad compremos lo que Él tiene, que es su amor.

Dios no es un mago, sino un artista; no crea su obra acabada, sino que crea los materiales y se recrea en pintar el cuadro del Reino. Un cuadro en el que hay sitio para el detalle imperfecto, incluso para el enemigo temporal de la obra, pero que en conjunto es maravilloso y perfecto. 

¡Dichoso el campo que siente los pies del Sembrador cuando pasa por él!

La Eucaristía es el medio seguro para recibir al Espíritu Santo, dador de la Vida; misterio del Amor de Dios, que habita en nuestro cuerpo y alma, santificándolos y preparándolos para la vida eterna. 

El Juicio Final es la exaltación del amor de Dios Trinidad, manifestado por Cristo para la Humanidad. Aquellos que lo han acogido hasta el final, en él permanecen para siempre; aquellos que los han rechazado hasta el final, de él son separados para siempre.

El Espíritu Santo es el aire y el fuego espirituales. Sin Él, no hay movimiento, no hay calor, no hay luz, no hay vida en nuestro espíritu. ¡Ven Espíritu de Dios!

A tu lado Señor, tengo miedo, pero no pánico. A tu lado, Señor, sufro, pero no desespero. A tu lado, Señor, me siento débil, pero nunca sólo. A tu lado, Señor, soy derribado, pero no aplastado. Porque Tú, Jesús, me proteges, me curas, me sostienes, me levantas, me guías con amor y con poder a nuestro Padre.

He aquí el gran secreto de Dios. Por la razón podemos conocerle, porque es el Verbo; pero solo amándole podemos conocer a su Espíritu, que es Amor, porque Él mismo vendrá y habitará en nosotros.

Podemos señalar el Camino; podemos proclamar la Verdad; pero ante todo debemos dejar que la Vida realice sus obras en nosotros.

Sólo en el Corazón de Dios está escrito nuestro verdadero nombre; sólo la voz de Cristo puede pronunciarlo.

Cuando de verdad nos encontramos con Jesús, cuando de verdad toca nuestro corazón y nuestra vida, es cuando dejamos de oir escépticos las palabras sobre Él, y pasamos a ser testigos de sus maravillas.

Nosotros no podemos meter los dedos en las llagas de Cristo resucitado; pero podemos sentir de forma indudable cuando nos dice, con palabras que inundan nuestro espíritu de su amor, "paz a vosotros".

Como la cruz es signo de escándalo o de esperanza, así el sepulcro vacío es signo de engaño o de confirmación de las palabras de Cristo. ¿Qué son ambos, cruz y sepulcro, para ti?

La sangre de Cristo no sólo nos redimió, sino que aumentó infinitamente el valor de nuestra alma.

Señor Jesús, Tú tienes palabras de vida eterna; tus palabras son vida eterna; Tú eres la Vida eterna. ¿A dónde iremos lejos de Ti sino a una muerte sin esperanza?

Es más ciego el que no conoce a Cristo que el que no puede ver la luz del sol. Hay mayor alegría en reconocer en Cristo a nuestra verdadera Luz que en recuperar la vista.

Hoy te espera Cristo junto a la parada de autobús, junto a tu escritorio de trabajo, junto a tu cama, junto al fogón de tu cocina. Pídele, como la samaritana, que te dé el agua de su gracia, la cual colmará tu sed de verdad y de esperanza.

Si escuchamos a Cristo llegaremos a ver al Padre, pues con sus palabras vendrá el Espíritu Santo a nuestra vida. Sólo negándonos a escucharlo podremos escapar de su gracia y alejarnos definitivamente del Él.

Tentar es decir a alguien que haga lo que Dios no quiere; por eso tentar a Dios es decirle que no haga su voluntad, es decir que no sea Él mismo. Lo contrario de tentar es decir que se haga lo que Dios quiere, como María con su fiat o en las bodas de Caná: "haced lo que Él os diga".

Las palabras que el hombre pronuncia de espaldas a Dios son arena sobre la que se cimientan los grandes fracasos de la Humanidad. Sólo la Palabra de Dios es la roca sobre la que se construye la verdadera vida, presente y futura.

Comer, andar, respirar, ir al baño, trabajar, dormir, hablar, todo hay que hacerlo para gloria de Dios. Pues la búsqueda de su Reino consiste en santificar, como María, cada momento de nuestra vida.

La infinita potencia de Dios no se muestra en los actos de la naturaleza, sino en los actos de amor; en el amor a sus enemigos: a los que le niegan, a los que le odian, a los que quieren matarle. El mismo amor que nos exige si queremos ser hijos suyos.

El amor de Cristo: ésa es la única llave del Cielo, la llave del corazón de Dios. Cada mandamiento es una aplicación de su Amor: para con nosotros, nuestro pensamiento, nuestro cuerpo, nuestro cónyuge, nuestros padres e hijos, nuestros amigos, nuestros enemigos. 

No somos invitados por Jesús a ser la luz del mundo; somos hechos luz del mundo por Él. Si no alumbramos a los demás con nuestra vida, faltamos a nuestra vocación sobrenatural, vamos contra nuestra naturaleza reconstruida por su sangre en la Verdad y en el Amor.

Dios no nos quita el dolor; pero nos conforta con la esperanza. No nos hace ricos; pero llena nuestra vida. No nos da el mundo; pero se da a Sí mismo. 

No hay lugar tan recóndito ni obscuro ni sucio del alma del hombre que la luz de Dios no pueda llegar a brillar en él.

Podemos conocer a Jesús de muy distintas formas. Pero no lo haremos de verdad, como San Juan lo hizo, hasta que el Espíritu Santo descienda al río de nuestra alma, donde Cristo está junto a nosotros, y nos lo señale como Mesías.

Para darnos agua, Cristo se acerca a pedírnosla. Para bautizarnos, se acerca a que le bauticemos. Para salvarnos como Dios, se acerca a nosotros como Hombre.

Las estrellas del mensaje de Dios salen para todos. Pero sólo las ven quienes contemplan el cielo del espíritu con perseverancia, y sólo llegan a Aquel a quien conducen quienes las siguen con esperanza.

No sólo podemos escuchar la palabra de Dios. Podemos tocarla, sentirla, contemplarla, abrazarla, amarla.
No es el sabio, el justo o el santo los que llegan a entenderla; son los que abren su corazón a ella los que son hechos sabios, justos y santos.

Cuando vino Dios al mundo, eligió el mejor sitio para crecer, aprender, sentirse seguro, atendido y amado: la familia.

A los ojos de un hombre justo del siglo I, con evidencias humanas irrefutables, María había ofendido gravemente a Dios. Aprendamos de San José, que la acogió según el amor de Dios, y no según los juicios humanos.

Las obras de Dios son sus susurros. Debemos aprender a escucharlos, meditarlos y amarlos antes de que se nos manifieste su Palabra, y de que su "Yo Soy" resuene con poder en nuestro espíritu.

¡Bautízame, Señor! Que el fuego de tu sabiduría acabe con la ceguera de mi alma; que el fuego de tu humildad destruya la soberbia de mi corazón; que el fuego de tu pureza consuma la suciedad de mi vida; que el fuego de tu amor encienda y avive la caridad que languidece en mi espíritu. ¡Que sea purificado, iluminado, vivificado y abrasado por el Santo Espíritu de Dios!

El que se enamora de Jesucristo no sólo espera su venida. También le llama constantemente con amor y alegría, deseando que llegue pronto.

Ante Jesucristo, no hay extranjeros, ni exiliados, ni emigrantes. Todos somos siervos y hermanos suyos - porque hay un solo Rey, un solo Reino, un sólo futuro común para los que acepten su Misericordia

No se me ocurre un motivo mejor para ser odiado que testimoniar que quiero a mi Padre Dios. No encuentro esperanza, ni verdad, ni descanso fuera de Él.

Vivir para siempre no nos hará felices. Pero sí lo hará el poseer a Dios- y para eso ¡necesitamos una eternidad!

No sabemos cuándo llega la salvación a nuestra casa. Pero sí sabemos quién la traerá: Jesucristo

No es que Dios ame más a los pequeños o pobres que a los grandes o ricos. Es que Dios ama más a los que se miran con humildad; porque todos somos pobres, pequeños y pecadores.

Si la perseverancia hace que un juez injusto haga justicia a quien le insiste, cuánto más hará que Dios, que nos ama, nos haga justicia. Pero, ¿de verdad perseveramos en pedir lo que es justo?

Quién mejor que María escuchó la palabra de Dios, que derramada por el ángel Gabriel en su Inmaculado Corazón, se hizo Hombre su vientre.

Sintámonos como hijos de Dios a la hora de recibir su paternal amor, y como extranjeros a la hora de agradecer su inmerecida misericordia.

Creer es aceptar la palabra y confiar en la voluntad de Quien sabemos nos ama.

Todo aquello material a lo que nos apegamos, nos separa de Dios. Nos apegamos cuando al disfrutarlo olvidamos a los demás, o cuando nos cuesta renunciar a ello cuando ya no lo tenemos.

Dios derrama sus gracias y habla a través de cada persona. De modo que de todas podemos aprender, con prudencia y humildad, no importa cuán injustas nos puedan parecer sus obras.

Por muy perdido y miserable que te sientas, jamás pierdas la esperanza. Porque cuando menos esperes, Cristo aparecerá, te cargará sobre sus hombros y te llevará a la casa del Padre.

Para seguir a Cristo primero hay que entablar con Él una batalla de amor. Si perdemos la batalla, debemos renunciar a todo lo que tenemos, y ganamos todo lo que somos. Si ganamos la batalla, conservamos lo que tenemos, y perdemos lo que estamos llamados a ser.

En oración, ante Dios, ponte siempre con los pecadores. Que sea Él quien te cure de tus heridas, o te cuente entre los santos.

Dios no creó la puerta del cielo estrecha. Simplemente la hizo para los humildes.

Todos somos pequeños. Nuestra grandeza procede de las obras que Dios hace a través de nosotros cuando le abrimos nuestro corazón y le entregamos nuestra vida.

Estar en vela no significa dar la espalda al mundo; significa encontrar la huella de Dios en cada cosa del mundo, y que cada huella nos guíe hacia Aquel que la dejó para nosotros.

Tres bienes tenemos: nuestra vida, dada por Dios, nuestra libertad o capacidad de elegir el bien, también creada por Dios, y los actos de amor que realizamos por su gracia. Cualquier otra cosa no nos pertenece, y sentirla como nuestra es una manera de ser codiciosos.

Dios jamás desoye las oraciones de una madre, incluso si pide lo más alto del Cielo para sus hijos. Cuánto más no desoirá las oraciones de María, cuyas palabras no necesitan ser escuchadas puesto que ya nacen en el propio Corazón de Dios.

Podemos ver en Marta la liturgia, y en María la contemplación. La primera prepara una recepción digna al Señor. Pero sólo la segunda asegura el aprovechamiento gozoso de su Presencia. 

Todos sabemos ser buenos samaritanos. Se trata de aprender a serlo en todo momento, y con todas las personas.

Recemos para el Señor envíe trabajadores a su mies. Pero no nos espantemos si nos elige a nosotros mismos...

En el servicio de Dios no perdemos nada. Porque incluso a lo que renunciamos nos lo devuelve, purificado y perfeccionado.

Dependiendo de nuestra unión con Jesús, irá cambiando el nombre con que le llamamos: el Hijo de Dios, nuestro Salvador, nuestro Maestro, nuestro Amigo, nuestro Esposo, nuestro Todo.

Sin la Eucaristía, la vida de Jesús sería la mayor historia de amor de la Humanidad, acontecida en el siglo I. La Eucaristía nos hace hoy protagonistas de esta historia de amor.

Dios Padre nos da al Hijo para nuestra Salvación; Dios Hijo nos da al Espíritu Santo para nuestra perfección; Dios Espíritu Santo nos da al Padre para nuestra felicidad.

Mírate desde el cielo, "ascendido". Entiende que lo que ahora vives, especialmente las pruebas, las renuncias y el dolor, es necesario para gozar de la presencia de Dios.

No es la paz de Cristo como la del mundo; no es acordada, sino donada; no es temporal, sino permanente; no se escribe con tinta en los papeles, sino con amor en el corazón; no se basa en palabras, sino en la Palabra.

El amor de Cristo es amor de redención, de confusión para el mundo y asombro para el Cielo: amor a nuestro enemigo, al que nos maldice, al que nos persigue, al que nos mata.

Abre mis oídos a tu voz, Señor. Voz que guía, que protege, que da fuerza y paz. Voz que nos arranca de la obscuridad y nos lleva al Padre.

Como Pedro, somos llamados a seguir a Cristo en distintas ocasiones. Cada llamada es un acto de amor de Dios; cada respuesta es un acto de humildad y purificación. 

La última bienaventuranza de Cristo se refiere a la Iglesia de todos los tiempos: "bienaventurado el que crea sin haber visto"

Después de la Resurrección de Cristo, ya ningún Calvario acaba en la cruz.

Como el borriquillo de Jerusalén, estemos dispuestos para servir a Jesús en cualquier momento.

Señor, escribe con tu dedo en mi corazón, en mi alma con tu mirada, en mi vida con tu palabra. Y que jamás la vergüenza que siento por mi pecado me haga bajar la mirada y alejarme de Ti.

Obedecer a Dios en suficiente para estar a su lado. Pero para disfrutar de su presencia hay que escucharle, mirarle, aprender de su amor.

Cristo actuó como hombre, con la fuerza de Dios; y nos habló como Dios, con palabras de hombre. Escuchémosle, y actuemos según sus enseñanzas.

Tentación económica: nuestra sociedad del bienestar no necesita a Dios. Tentación política: la democracia está por encima de la moral. Tentación espiritual: Dios debe librarnos de la incomodidad.

Las Bienaventuranzas no son solo razón de nuestra esperanza, sino también una maravillosa muestra del amor Misericordioso de Dios.

Dios no nos llama a recoger peces, sino a echar las redes en su nombre.

Hoy se cumple la escritura. Hoy te llama Cristo a seguirle, hoy le acompañas al Calvario, hoy vives su Resurrección, hoy eres enviado a proclamar la buena noticia. Hoy.

Esperar en el Mesías implica recibirle cuando llega, y como llega. No presupongamos cómo actuará en nosotros, sino que estemos abiertos para aceptar con alegría lo que Él quiere cuando por fin se manifiesta. 

La vocación de todo cristiano no es solo el matrimonio espiritual con Dios, sino también la respuesta temprana a su llamada, el aprovechamiento total de los dones recibidos, el disfrute de su gracia durante toda la vida.

¡Reaviva en mi, Señor, el fuego del bautismo! ¡Que el Espíritu Santo posea mi ser, que es suyo!

Todos estamos llamados a ser testigos de la Luz, como San Juan. Pero el predicó antes de la vida pública de Jesús; nosotros después, con el testimonio previo de millones de mártires, con el legado dos mil de años de espiritualidad.

Jesús está en tu casa, en tu camino, entre tus amigos y parientes. Pero si no lo encuentras en ningún lugar de estos, vete al Templo. Allí te espera.

Como San Juan en el vientre estéril de Santa Isabel, así renace la gracia en nuestro espíritu estéril por obra de Dios, y nos hace alabar a voz en grito a María, que siempre trae al Señor consigo.

La alegría el perfume de la presencia de Dios.

No hay montañas ni valles más tenebrosos que los de nuestro espíritu; ¡allanémoslo para que Dios entre y bendiga sin límite, como en el de María Inmaculada!

No todos viviremos el apocalipsis universal; pero todos viviremos nuestro apocalipsis personal - nuestro cuerpo será destruido, y Jesús vendrá a nuestra alma como Rey eterno. ¡Preparémonos!

El Reino de Dios es un Reino de Verdad, no de opinión; de Justicia, no de tolerancia; de Felicidad eterna, no de bienestar temporal.

Nada de lo que conocemos del mundo actual perdurará. Sólo Dios es inmutable; sólo su Palabra atraviesa con poder los cambios de la Historia.

Nosotros somos la medida de nuestra generosidad; pues Dios no mira lo que damos, sino si nos damos nosotros mismos al dar.

En las bienaventuranzas no sólo se describe la felicidad eterna; también la vida terrena plena: la de los mansos, los limpios de corazón, los misericordiosos, los que desean la justicia, los que sufren y son perseguidos por Cristo.

Conformarse con menos que Dios es conformarse con muy poco...

Sé humilde. Cuando te sirven, te sirve Cristo; cuando sirves, tú eres Cristo.

Para entrar en el Reino de Dios, primero el Reino debe entrar en nuestro corazón; y sólo cabrá en él si nos vaciamos de lo que sea amor a Dios y a su voluntad.

Dios en los niños, los niños en el matrimonio, el matrimonio en Dios.

Tenemos que elegir quién nos desprecia: los hombres, si estamos al lado de Dios, o el demonio, si estamos contra Dios.

La medida de la grandeza no es la fama, sino la entrega.

¿Cómo podemos abrazar nuestra cruz, si no la reconocemos en nuestro sacrificio diario? Pero ahí está, entretejida con cada pequeña privación o dolor.

Cuando Dios se acerca a tocar tu corazón, te dice primero "Effetá". Cuando le abres primero tu corazón a DiosÉl siempre se acerca a tocarlo.

Sólo en el corazón del hombre puede aparecer ensombrecida la creación maravillosa de Dios. Nuestras dudas sobre el dolor son la muestra de que ninguno somos ajenos a esta imperfección.

Las palabras de Cristo son la auténtica razón de nuestra fe. Cada frase suya vale mucho más que nuestra vida.

La Eucaristía es en cierto modo una donación de la divinidad de Dios.

Contemplar a Jesús en la Eucaristía es como contemplarle en el pesebre: pequeño y grande a la vez, silencioso pero rodeado de gloria, necesitado de nuestra acogida aunque derramando sus dones sin límite.

Jesús, Pan del Cielo, no es refuerzo de nuestra vida espiritual. Es el fundamento de nuestro ser, la fuente de nuestra vida eterna.

Dedica tu vida a la escucha y al seguimiento del Señor; su Providencia te dará lo que necesites mientras.

Llena Tú, Señor, mi alforja para el viaje del mundo. Lo que encuentre, bienvenido sea.

Acepta, Señor, la llave de mi voluntad, único obstáculo para tu acción en mi alma; quédatela, y ya me la devolverás en el Cielo...

¡Cuán necesitados de misericordia son lo que se burlan de Cristo y de su Iglesia! Pues a los tales Jesús expulsó de su lado.

La popa del mundo está en los Sagrarios, donde Cristo espera nuestras oraciones ante las tormentas que sufrimos.

Cuando recibo la Eucaristía me siento como San Juan, recostado en el pecho del Señor.

Cuando más solo te sientas, lava tus ojos con lágrimas, y descubrirás que Jesús siempre está a tu lado. Todos los días. Hasta el final.

Creados por el Padre, salvados por el Hijo, santificados por el Espíritu Santo. Tanto amor, ni se entiende ni se deduce; se experimenta, ¡y se proclama!

Como los apóstoles debían permanecer en Jerusalén, así nosotros debemos permanecer en la Iglesia para recibir al  Espíritu Santo.

Dios es amor. Tú eres imagen del amor. Y lo que en ti no procede del amor, no es nada.

Incluso la gloria de los frutos de la gracia se nos arrebata en este mundo; sólo cuenta pues el estar unidos a Cristo como vid verdadera, es decir vivir en el amor de Dios.

Tengamos nuestra vida en manos del Señor para que nadie los la quite, sino que Él disponga de lo que nos ha entregado primero.

Abre, Señor, mi entendimiento a tu sabiduría; abre mi corazón a tu amor; abre mis las manos a tu voluntad; abre mi vida al soplo de tu Espíritu.

Creemos en Cristo, pero, ¿le reconoceríamos tocando sus llagas? Todo el que sufre está en las llagas de Jesús; seamos ante el dolor de nuestros hermanos como Tomás ante Jesús.

Nosotros no podemos correr al sepulcro, ni ir a Galilea a ver a Jesús resucitado. Pero podemos esperarle velando en el cenáculo de nuestro corazón. Allí sí aparecerá.

Quizá Pedro habría muerto por Cristo en una batalla; pero no en una noche, en un huerto solitario, en una emboscada. Allí es donde debemos morir por Él: en la soledad de la incomprensión, en la amargura del dolor personal, en la prueba silenciosa y anónima.

Has sido creado para poseer a Dios, y la única moneda que tienes para conseguirlo eres tú mismo.

Entre la luz de Dios y la obscuridad del mal, está la penumbra del confesionario; allí podemos mostrar nuestras malas obras sin temor al reproche o a la ira, y sentir el silencioso y purificador abrazo de Dios.

Echemos del templo de nuestro espíritu la carne animal, las monedas del mundo, la soberbia autocontemplativa.  Cristo nos enseñó: con el látigo del autocontrol, la oración, la humildad, la contemplación de Dios.

La santidad y la entrega no se sostienen solo en la esperanza en el futuro, sino en la experiencia del amor de Dios del pasado. Antes del Calvario siempre hay una Transfiguración; y, la mejor posible, la Eucaristía.

El ayuno es crisol de voluntades, escudo ante tentaciones, puerta de Calvarios y Pascuas.

Señor, ayúdame a superar cualquier barrera en mi espíritu que me impide acercarme a recibir tu perdón y tu gracia.

No me asustan mis pecados, sino estar lejos de Dios. No me da paz el acercarme a Cristo, sino el sentir que me ama.

La verdad no sólo debe ser propuesta; la verdad debe ser proclamada, vivida, gritada. Porque la verdad no es sólo la luz de la razón; la verdad es la vida del espíritu, la fuente del ser, la Palabra Única de Dios. 

Entre el amor, sabiduría y misericordia de Dios y nosotros sólo se interpone la dureza de nuestro corazón. ¡Entra en él, Señor, renuévalo y expulsa todo lo que Tú no has creado!  

Caiga yo, Señor, del caballo que me aleja de Ti. Cambia mis redes para que cojan le que Tú me pides.

Toda respuesta a la llamada de Dios comienza por ponernos en su presencia; escuchar su voz en silencio; sentir con reverencia su amor.

No somos dignos de servir a Cristo; pero podemos servir a nuestros hermanos. Bienaventurado el que cree sin haberle visto; bienaventurado el que ve a Cristo en su hermano y le sirve en él.

La Acción de Dios, Su Verbo, se ha hecho Hombre en nuestra Historia. Por eso nosotros, hombres, debemos ser acción de Dios en ella.

Permíteme, Señor, vivir para Jesús y María. Aquí están mis manos para sostener la bandera de contradicción; aquí está también mi corazón, para ser traspasado.

Dios siempre está contigo. ¿Estás tú siempre con Él?

Sólo Dios puede traer la justicia al mundo, mediante la conversión de cada corazón; cualquier intento de acuerdo a sus espaldas nos llevará a otro Babel.

No hay mayores montañas ni valles más profundos y sombríos que los de nuestro espíritu. Pero apenas con un ápice de fe podemos allanarlos; pues Dios no requiere de milagros para obrar maravillas en nuestro interior.

No es que Dios quiera venir cuando el hombre no le espera; es que el hombre que no le espera a cada momento, no está preparado para su venida.

No hay mayor dignidad que la de poder presentarse ante Dios; esa dignidad no la posee ningún hombre, salvo el que se lava en la sangre de Cristo. ¡Sólo aceptando y viviendo Su sacrificio podremos afrontar sin temor el día de su Exaltación! 

Dios está en los detalles de la vida; nuestra fidelidad en lo pequeño es la mejor manera de estar junto a Él siempre.

Entra, Señor, en el templo de mi espíritu. Arroja de Él los deseos carnales y los planes mundanos. Resuene en Él tu voz, destruye lo que Tú no has construido, y reconstrúyelo para Ti.

Jesús es el Camino; la cruz lo señaliza. Jesús es la Verdad; desde la cruz se proclama. Jesús es la Vida; la cruz es su puerta.

Sin amor a Dios no hay prójimo. Sin amor a Dios, nos alejamos de todos los hombres; incluso de nosotros mismos.

A César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Pero cada uno somos de Dios; incluyendo el César.

Señor, concédenos que, no importa en qué lugar estemos o qué nos encontremos haciendo, respondamos con alegría y prontitud a tu llamada.

Concédeme ser humilde, Señor, ante Ti y ante mis hermanos. Pues Tú solo eres Arquitecto, sólo Tú Maestro, sólo Tú Padre.

Sin momentos de oración y meditación, no podemos hacer lo que Dios quiere. Pues lo que nos mueve a obrar no son nuestras palabras sino nuestra voluntad, y el verdadero sí a Dios se da desde aquella.

Nuestro premio no es sólo entrar en tu Reino, Señor. Es también trabajar ahora y aquí por tu causa, vivir junto a Ti los avatares del mundo, caminar en la esperanza de tu amoroso recibimiento.  

En la cruz no se exalta la humillación, sino la humildad. No el sufrimiento, sino el sacrificio. No la derrota, sino la victoria.

Ante el mal, Dios llama a la corrección y a la misericordia. Satanás, en cambio, a la indiferencia o a la tolerancia.

Quiero vivir no sólo en Dios, sino para Dios. Pensar y amar no sólo como Él, sino lo que Él.

La Iglesia es garantía de la promesa, presencia y Providencia de Dios.

Prefiero las migajas de Dios a los manjares del mundo.

Busca a Dios en el silencio del enfermo que no puede hablar, en la quietud del bebé que duerme, en la sinceridad de una lágrima de arrepentimiento, en el susurro de la oración.

Dios es gratis; no podemos pagar el precio de tenerle. Pero su llamada... nos cuesta la vida entera.

No quiero hermosura, sino Belleza; no quiero conocimiento, sino Sabiduría; no quiero bienestar, sino Vida. No quiero a mí, sino a Ti.

No es que los ángeles no puedan separar el trigo de la cizaña. Es que hasta el final no sabremos si somos trigo o cizaña. Por eso todos recibimos el trato del trigo.

Sé Tú la semilla de mi corazón, Señor. Sea yo el campo donde germine tu Palabra.

La Sabiduría está en Dios; el conocimiento del mundo es tan sólo sombra de esta Sabiduría. Darle a la ciencia del mundo carácter de luz verdadera es propio de Satanás.

Cada hombre está llamado a ser piedra de la Iglesia de Dios. Si rechazamos esa llamada, seremos como una piedra labrada en medio del desierto del mundo.

Cristo no nos promete no tener dolores. Pero nos da la seguridad de que, si estamos a su lado, los que tengamos procederán de Dios y serán para nuestro bien.

¿Qué no hemos recibido gratis? Tan sólo es nuestra la cruz que llevamos, ¡y eso es lo único que no podemos dar!
El conocimiento y el juicio del corazón humano pertenecen a Dios. Nosotros sólo podemos acercarnos al corazón de los demás por el amor.
El Padre nos crea y sostiene, el Hijo nos alimenta, el Espíritu nos vivifica. ¡Esencia, pan y fuego! Un solo Dios entregado al hombre, ¿quién responderá a este Amor?
El Juicio final es la exaltación de Jesucristo como Rey del universo. Quien haya estado a su lado en el mundo, reinará con Él en la eternidad. Quien no, será apartado para siempre.
¡Ven, Espíritu Santo! Corazón de Dios, Tesoro de la Vida, Cáliz divino del Amor eterno, ¡ven!
Jesús está con nosotros, hasta el fin del mundo. Después, nosotros viviremos en Él, hasta la eternidad.
Me bastaría, Señor, con ser tu siervo; pero a Ti no te basta, pues cuando te sirvo me llamas amigo.     
No quiero andar otro Camino, ni conocer otra Verdad, ni vivir otra Vida que a Ti, Jesús. Pues cualquier otro camino conduce a la perdición, cualquier otra verdad oscurece nuestro entendimiento, cualquier otra vida es vacía y breve.
Al llamarse a Sí mismo Pastor, Jesús describe a los suyos como ovejas. Es decir, mansos y obedientes.
Nunca andamos sin Cristo. Él siempre está con nosotros, encendiendo nuestro espíritu con su sabiduría y amor. Incluso cuando no le reconocemos a nuestro lado.
No necesito tocar tus heridas para creer en Ti Señor. Pero necesito encontrarte en el rostro de mis hermanos, para amarles como Tú les amas.
Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe; pero deseables son nuestros actos de amor. Sin embargo, si ha resucitado, aceptarlo es encontrar la vida eterna, y no aceptarlo es cerrarse a la Verdad para siempre.
¿La razón de mi fe? El testimonio de mis mayores. ¿La de mi esperanza? La resurrección de Cristo. ¿La de mi amor por Él? Su vida, pasión y muerte. ¿Una prueba de todo ello? Mi experiencia de vida.
Dios tiene poder para renovar lo que ha muerto en tu espíritu, para devolver a la vida lo que ya das por perdido. Pero tú has de remover la losa de tu espíritu, dejar entrar su voz y actuar.
Sólo el espíritu puede ser engañado. Sólo el semejante a Dios puede traicionarle.
Todo encuentro verdadero con Cristo nos transforma en testigos suyos. Pues el agua viva de Dios se mueve por sí sola, y ni el corazón más cerrado puede contenerla.
Las obras de Cristo le señalan como el Hijo de David, el Mesías. Su palabras, como el Hijo de Dios, el-que-Soy en la tierra.
La tentación es un empujón del demonio en nuestro caminar espiritual. O nos hace caer si no estamos atentos a Dios, o nos hace avanzar más rápidamente hacia Él.

Renueva tu fe en la escena del bautismo del Jordán, tu esperanza en el monte de las bienaventuranzas, tu amor en la cima del Calvario.

El buen siervo de Dios no se pregunta si Dios lo ama, o si Dios lo escucha, o si Dios lo acompaña; el buen siervo se pregunta si ama a Dios, si escucha a Dios, si está siempre en su presencia.

Dios te ha amado desde siempre; permite que te ame para siempre. Puedes verle en la inmensidad del exterior; escúchale en la profundidad del interior. Su llamada es constante; ofrécete a Él sin descanso.

Jesús reclama nuestra ayuda: un hombre le bautiza, uno le lleva la cruz, uno recibe su testigo en la Iglesia. Ofrécete para su servicio: seguro que algo grande te espera.

Sea nuestra vida como la estrella de Belén: que guiemos hasta Dios a aquellos que contemplen nuestras obras.

Bienaventurados los que guardan a Dios en su corazón. Porque Dios les guardará en el suyo.

A quien cierra sus oídos, Dios le habla incluso contra su voluntad. Pero quien le escucha, recibirá su Palabra hasta en sueños.   

La esperanza convierte la espera en Adviento.

No hay alegría sin renuncia. No hay vida sin sacrificio. No hay amor sin entrega. No hay salvación sin juicio.

Cada hora al menos, ponte en la presencia de Dios. Recógete un momento en tu espíritu, bendícele, pídele perdón, dale gracias. Prepárate para ir con Él si es su deseo. Luego sigue trabajando.

No borres mi nombre de tu Corazón, Señor, y concédeme morir como Dimas: reconociéndote como Rey y como Hombre-Dios.  

No merezco, ni pretendo, andar un camino fácil a tu lado. Pero te suplico, Jesús, ser fiel en tu servicio. No llame yo Señor a nadie sino a Ti.

Con nuestros actos de fe y esperanza, Dios escribe su Nombre en nosotros. Con nuestros actos de amor, nosotros escribimos nuestro nombre en Dios.

Como la higuera de Zaqueo, María nos acoge y nos presenta a los ojos de Jesús. Sintámonos pequeños como Zaqueo para reclamar la ayuda de María.

¡Concédeme, Señor, vivir de rodillas ante Ti!

Tu oración de hoy es la semilla de tu fe de mañana. Ora sin descanso, para que cuando venga el Hijo del Hombre a ti te encuentre con la lámpara de la fe alumbrando tu vida.

¿Qué es más importante, que Jesús te cure la lepra, o que te regale la vida en este día? Pues corre a agradecérselo. Quizá le oigas decir hoy "tu fe te ha salvado".

El que sirve a Dios de día es siervo suyo. El que le sirve al atardecer, cuando ya está cansado, es un buen siervo. El que le sirve aún de noche, sin más fuerzas que su amor por su Señor, ése es su amigo.

Cada persona que sufre es imagen de Cristo en el Calvario. Por eso la injusticia que hacemos al que sufre clama a la Justicia de Dios. 

Dios es el fiador de los que no tienen con qué pagar. Cuando hacemos bien a algún necesitado, es Dios nuestro verdadero deudor.

Yo soy hijo pródigo, Señor. ¿Cuántas veces como un loco me he vuelto a ir después de tu amorosa bienvenida? ¿Cuántas he vuelto y me has vuelto a abrazar más fuerte que la vez anterior?

Concédeme, Señor, preferirte a aquello que detestas, para poder preferirte a aquello que amas.

Ningún sitio del banquete es bueno lejos de Ti, Señor. Junto a Ti, el puesto no importa: a la mesa, en la cocina, abriendo la puerta...

Lo bueno, junto a Ti, Señor. Lo malo, junto a Ti. Lo que deseo, junto a Ti; lo que no deseo, junto a Ti. Despierto a dormido, junto a Ti. Enfermo o sano, junto a Ti. En paz o en tribulación, junto a Ti. Que el morir no sea más que seguir con Quien he pasado mi vida entera.

En este mundo, la Verdad no trae la unión, sino la purificación. Pues la verdad no entiende de acuerdos, ni de concesiones; la verdad es perfecta en Sí misma. O la aceptamos, a la rechazamos.

Para estar despiertos espiritualmente, debemos hacer lo mismo que con el cuerpo: tener compañía (espiritual), conversar (orar), y frecuentar los estimulantes (sacramentos).

Disfrutar de la belleza del mundo nos acerca a Dios. Desearla intensamente, nos aleja de Él.

Dame, Señor, perseverancia para pedir constantemente, prudencia para pedir lo que es bueno, humildad para recibir lo que pido.

Señor, concédeme que mientras mi cuerpo y mi mente sirven a los demás, mi espíritu repose junto a Ti.

Si el prójimo es aquel que practica la misericordia con nosotros, nadie más cercano que el mismo Dios.

"Os envío como ovejas en medio de lobos". Dios no nos exige que seamos fuertes ante el mundo, sino obedientes ante Él. Él se encarga de los lobos...

Todo acto malo supone dejarnos caer sobre la tierra antes, para acabar comiendo fango después. Los actos buenos, sin embargo, requieren saltar al vacío primero, para volar con paz y seguridad después.

Todos los caminos del mal son similares, todos sus frutos son horrendamente parecidos... Sin embargo, el bien es tan interminable, tan nuevo a cada momento, tan sorprendente en cada detalle, tan inabarcable e inesperado.  

Alégrate de que Dios te pida algo imposible, como que seas perfecto. Porque entonces su Misericordia ha preparado algo grande para ti.

El misterio de Dios no es lo que nunca llegaremos a conocer de Él. Es lo que de Él nos hace enmudecer, a la vez que nos llena y transforma.

La Torre de Babel no fue una ofensa a Dios porque el hombre quisiera llegar al cielo; lo fue porque quiso llegar desde la tierra, en lugar de desde el espíritu. Es más, no hace falta subir; el propio Espíritu de Dios viene a nosotros, si cerramos las puertas del cuerpo y abrimos las del alma.

Fuera de tu luz, mi Dios, no encuentro más que perversión y muerte. No permitas que nos adentremos en la obscuridad, Señor; ¡guárdanos en tu Amor!

Señor, ¡ay de mí si por mi fidelidad mides mi amor! Concédeme ser fiel a tu gracia, pronto a tu palabra, entregado a tu voluntad.

Amarnos como Tú nos amaste. He aquí algo mucho más grande que cualquier derecho humano, que cualquier mundana concesión a la felicidad del hombre. He aquí el mandato que nos eleva a las alturas de Dios, y que constituye la verdadera y única fuente de Paz para el hombre.

¡Quién podrá hacer obras mayores que las tuyas, Jesús! Sólo los que se dejan llenar del Espíritu Santo; los que se entregan sin reparos a la voluntad del Padre; los que te aman más que a su vida. 

¡Cuántas vidas necesitaría para decirte que te quiero, por cada vez que te he negado, mi bien! Aquí están mis manos, Señor; cíñeme y llévame donde tú quieras, ahora y en la eternidad.

Haz que mi vida sea como tus llagas, Jesús. Que quien la toque te reconozca como Dios y Señor.

Hoy comienza verdaderamente el nuevo año. Hoy, Pascua de Resurrección, tenemos la gracia que necesitamos para cualquier deseo de mejora. Pidamos pues sin reservas para vernos transformados en Cristo.

Cada momento de mi vida es una batalla, una oportunidad de ser fiel. Cada derrota me lleva a los pies de la cruz, a implorar misericordia. Cada victoria me leva también a los pies de la cruz, donde se abren las puertas del cielo.

Cada momento que no somos enteramente de Dios, que no trabajamos para su gloria, será nada en la eternidad -igual que si no hubiera existido. Piensa ahora: de los años de tu vida, ¿cuánto tiempo de verdad habrás vivido?

Concédeme, Señor, agotar rápidamente mi herencia mundana, para que anhele tu riqueza pronto. Concédeme pensar en Ti durante la resaca del pecado. Concédeme ir a Ti para suplicar el estar a tu servicio.

Recuérdame Señor que me descalce de mi yo al acercarme a mi hermano, y que tape los ojos de mi juicio, pues su espíritu es terreno sagrado.

El Tabor puede ser tu lugar de trabajo, de estudio, de descanso, de enfermedad, de espera. Allá donde Cristo se te manifieste como Luz del mundo, como Hijo Amado, exclamarás "qué bien se está aquí".

Benditos los limpios de corazón, pues también encontrarán a Dios en la tentación, y en el dolor, y en la desolación.

Con los amigos, el amor es unión. Con los enemigos, es renuncia. 

Sólo asomándonos a la profundidad de tu dolor, Señor, podemos empezar a comprender la infinitud de tu amor. 

¡Que mis labios impuros proclamen tu alabanza, Señor! Quien no me conozca, reconozca en mis palabras tu sabiduría; quien me conozca, reconozca en la esterilidad de mi corazón tu mano misericordiosa.

En tu tierra quisieron matarte por no hacer milagros. El mayor milagro es tu presencia. ¡Quédate, Señor!

Lo que hice ayer, lo que hago hoy, incluso lo que haré mañana, se aplica a mi salvación ahora. ¡Poséeme en este instante, Señor!

Como en las Bodas de Caná, los esposos bendecidos por Jesucristo en el Corazón de María gozan del mejor vino del amor al final de su andadura.

Los Magos recorrieron un largo camino hasta Belén. Los pastores velaban cuando recibieron el anuncio. Simeón esperó toda su vida para ver al Salvador. Dios se muestra a los que se esfuerzan en encontrarle; y la recompensa merece una vida entera de camino y desvelo.

Cada momento empieza un momento nuevo. Dios te lo da, y Dios lo recoge de tu vida. Devuélveselo lleno de tu trabajo y oración.

¡Oh, noche de contemplación! Ante Ti, bebé Dios, se cierra la boca y se abre el corazón; se acaban las palabras y se derraman las lágrimas; se apaga la memoria y se enciende la voluntad. ¡Bendito seas por siempre!

Dios ha pagado tu deuda de esclavitud. ¿A qué esperas para arrojar tus cadenas lejos de ti?

El super don es Su perdón.

No sólo el denario que me has prometido es mi recompensa, Señor. También y de forma especial el trabajar en tu viña desde la mañana, soportando el sol del mundo sabiendo que trabajo para ti.

Pertenecemos a Dios. ¿Por qué le negamos lo que es suyo?

Todo lo que hacemos por voluntad de Dios es santo y, por lo tanto, incorruptible e imperecedero. Pero, ¡ay!, todo lo que hacemos contra su voluntad es caduco y destinado a la muerte. ¡Y hemos sido creados para vivir para siempre!

No es sólo darlo todo; es saber que no nos faltará nada, porque Tú provees en cada momento.

Derrotado, humillado, vencido por el demonio. ¡Pero aún puedo bendecir! ¡Aún estás cerca de mí, Señor!

Enséñame, Señor, a cerrar mi boca a la arena y el cieno mundanos; ¡Tú me has creado para los manjares del cielo!

No me siento merecedor de pedirte estar tu lado, Jesús; pero tampoco me siento con fuerzas para beber tu cáliz. Dame tu cáliz, Señor, y dame las fuerzas para beberlo.

Más de lo que amas a Dios después de que te perdone, te ama Él antes de perdonarte.

La más aterradora tormenta en nuestro espíritu da paso a un suave amanecer tras el perdón de Dios.

Dios no es tolerante, es misericordioso. No acepta el mal que hay en nosotros, sino que nos llama con infinita paciencia a la conversión.

No hay belleza fuera de Dios. Todo deseo de un ser material que nos aleja del Señor, afea y pervierte a ese ser en nuestro corazón.

No hay "cesáreas" espirituales. Todo nacimiento a la vida eterna supone el paso por un camino angosto y penoso.

Tus mil años de pecados serán un día para el Señor; tu momento de justicia serán mil años para Dios. Ten ahora mismo tu momento de justicia.

Cuando caigo, vencido por Satanás, permite Señor que recuerde que estoy junto a Ti en el Calvario, aplastado por la cruz y con prisa por levantarme para seguir hacia el Padre. 

Todos estamos en el Calvario: mirando de lejos al Crucificado, o escupiéndole de cerca, o llorando ante Él, o crucificados con Él.

La Asunción de María es el viaje glorioso y previo a su Coronación. La Asunción es manifestación de la alegría y abundancia de Dios, es triunfo para María, para Cristo, para la Iglesia, para cada uno de nosotros.

Permíteme, Señor, ver a mis hermanos transfigurados en Ti.

Toma los panes y peces de mi vida, Señor. ¡Qué poco son para tus eternos planes!...

El matrimonio es un cuenco donde Dios derrama la vida. Posponer y programar fríamente la venida de los niños es despreciar imprudentemente a la Providencia, cuyos designios son infinitamente más grandes que nuestros proyectos.

Antes de la vida y después de la muerte, antes del amor y después del odio, y durante todo momento, Dios es. Negarle nos impide conocer al que crea la vida, vence a la muerte, origina el amor, perdona al pecador y llena de gracia cada momento que Él mismo regala.

Buscar con imprudencia la tentación es ir a la guerra sin armas. Sólo Aquél que en su Providencia la permite nos da la gracia para vencerla.

El amor precede al perdón. El amor del que pide perdón a quien ofendió; el amor del que ama a quien le ofende. Por eso es tan difícil perdonar para quien no conoce el amor de Dios; porque este amor es el que nos lleva a amar a nuestros enemigos, disponiéndonos para perdonarles.

El Señor siempre derrama en el cuenco de nuestra alma más misericordia de la que cabe.

Cuando confundimos la exigencia de las penas debidas por la culpa con el odio al culpable, ocultamos con la máscara de la muerte el rostro de la Justicia, cuya manifestación plena es el amor al enemigo. 

Sólo el cristiano, el que vive realmente el amor de Dios hecho entrega en el Calvario, es capaz de entregar tu vida por aquel que le mata.

En el sacramento de la Penitencia me siento más que perdonado; aunque sea por un momento, me siento rescatado, liberado, resucitado.

Nuestras vidas son monedas acuñadas con la Sangre de Cristo. Apenas tienen valor en este mundo, pero pueden comprar los bienes eternos.

Concédeme, Señor, no morir al pie de la cruz, sino clavado en ella.

Concédeme, Señor, recordar los gólgotas ajenos en mis tabores. Y concédeme recordar tu Calvario en mis gólgotas.

Sé que no habrá paz en mi espíritu aquí en la tierra. Pero me basta el consuelo de saberme crucificado contigo, y la alegría de saberme perdonado de mis infidelidades.

Aún pedimos a Cristo que nos libere de los imperios romanos actuales y que sea el Rey de nuestros israeles particulares. Mas Jesús vino a vencer a la muerte, y a reinar sobre el pueblo universal de Dios.

¿Cuántos gallos, Señor, tendrán que cantar antes de que llore mis traiciones?

Ninguna de las batallas interiores que libramos son importantes por nosotros mismos, sino por Aquel por quien las libramos.

Tuyo soy, Señor. No permitas que me entregue a nadie que no puede ser mi dueño.

Guárdame sitio en la cruz, Señor. Voy de camino con María.

Que inteligente es Satanás. A un sólo árbol peligroso del Paraíso, fue capaz de atraernos. Y de toda la insondable riqueza de la gracia depositada en la creación, en nuestro espíritu y en la Iglesia en especial, es capaz de mantenernos alejados.

Dios es siempre sorprendente, siempre novedoso.

Queriendo ser como Dios, nos alejamos de Él. Haciéndonos pequeños y débiles, llegamos a poseerle.

Te encontramos en nosotros, Señor. Te amamos en los demás.

Cuando ni siquiera tú puedes perdonarte, Dios te perdona; cuando tu miseria te ha vencido y te consumen lágrimas de amargura, Dios te trae suavemente la paz.

Dedica un momento al día a vaciar tu espíritu del agua sucia del mundo; y eleva siempre que puedas, aunque sea por un momento, tu espíritu o incluso sólo tu voz a Dios, para achicar el agua que entra de nuevo en la actividad cotidiana.

Dios te regala cada momento de tu vida; ¿cuántas veces se lo has ofrecido para que Él haga sus planes?

¿Dónde encontraré, Señor, lágrimas para llorar por las veces que te he negado?

¡Cuántas veces oímos la voz de Dios, y decimos que es un trueno, o que es el azar, o que es nuestra imaginación!

Junto a María, podemos sentir eternamente la protección del bebé en brazos de su Madre.

Concédeme, Señor, velar al raso como los pastores de Belén. Concédeme salir de los recintos en donde encierro mi alma y escuchar tu Palabra en el silencio de la noche abierta. Concédeme estar dispuesto a levantarme y adorarte en cualquier pesebre del mundo.

Señor, vienes a mi indigno corazón como fuiste a Belén, pequeño y adorable. Te ofrezco el oro de tu gracia fructífera en mi espíritu, el incienso de mi oración constante, la mirra de mi entrega hasta la muerte.

¡Todo es inmenso en ti, María! La grandeza del bebé de tus entrañas, la admiración del misterio en tu mente, el amor a tu Dios en tu Corazón.

¡Qué asombroso amor hace que un Dios rechazado por su criatura vuelva a solicitarla una y otra vez!

¡Aférrate a tu cruz! ¡Pon tus ojos en el crucificado! Así te librarás del abrazo pegajoso y amarguísimo del mundo.

Jesús no sólo se quedó EN la Eucaristía, sino también JUNTO a la cruz. Allá donde hay una cruz, allí está Cristo. Junto al que pasa hambre, sed, enfermedad, desnudez, soledad, obscuridad. Los Calvarios del mundo son tabernáculos del Pastor que busca a cada oveja perdida.

La verdadera oración pone en nuestros labios la palabra de Dios. Es pues imagen de Dios Hijo como oración divina del Padre. Oremos pues a cada momento, para participar de la vida de Dios.

Cada acto en contra de la voluntad de Dios es suciedad que diezma nuestra visión espiritual. Bienaventurados nosotros si permanecemos limpios, porque podremos ver al que es Espíritu puro.

Cargar con tu yugo, Señor, no significa llevar una gran carga - por eso el ligero. Cargar con él significa mirar hacia delante sin detenernos y caminar dócilmente hacia el Padre - por eso se nos hace tan duro.

Mi camino está llenos de piedras, Señor. Y no me importa hacerme daño si las piso al pasar; pero me duele el dejar de mirarte cuando me tropiezo y caigo.

Que mis labios no dejen de alabarte, Señor. Que tu presencia en mi corazón abra sin cesar mis labios.

Tantas veces nos preguntamos por qué tu voluntad no es la nuestra, cuando debiéramos pedirte que nuestra voluntad sea la tuya.

Permite, Señor, que soporte los calores del día trabajando en tu viña. Que no descanse a la sombra del mal, sin saber si vendrás a buscarme antes del anochecer.

El perdón es un regalo directo de Dios, el hijo predilecto de la misericordia, el mensajero silencioso de la paz. No hay bendición que no nos llegue por él, ni esperanza que en él no resida. El perdón es el auténtico compañero de Cristo en el Calvario, el sobrenombre del amor de Dios para con los pecadores.

Trabaja con entusiasmo y virtud por el presente. El futuro, ya lo tiene Dios preparado

¡Qué insensato soy, Señor, cuando busco descanso del camino en la posada ruidosa y pestilente del mundo, en lugar de en el jardín sosegado y perfumado de tu Corazón!

Todo ser vivo muere por envejecimiento, o por el ataque de un enemigo más poderoso. La Iglesia viva se renueva constantemente por los Sacramentos y por la incorporación de miembros escogidos, y no tiene enemigo mayor que ella, al ser Cuerpo del Todopoderoso. De modo que no puede morir ni por anciana ni por vencida.

Las palabras del mundo son comida de perros. Nos animalizan, empobrecen y llenan sin saciar. Sólo la Palabra de Dios nos harta, a la vez que nos hace verdaderos hijos.

Igual que el profeta encontró a Dios en el silencio de la brisa, encontraremos a Cristo en el silencio del Sagrario, lejos de los fuegos, terremotos y huracanes del mundo.

La grandes batallas se libran en nuestro espíritu. Allí, la única Paz verdadera llega con el reinado de Cristo.

¡Qué pocos años nos lleva el entrar en la eternidad!

Negar a Dios, del cual somos imagen y en el cual se incardina nuestra dignidad, es negar todo derecho humano.  

¡Qué amargo es el abrazo del mundo! ¡Qué liberador su desprecio!

Sin lucha, no hay victoria. Sin dolor, no hay paz. Sin muerte, no hay resurrección. El Calvario es el único campo de nuestra redención.

Perdónanos, Señor, por no defender la vida de los no nacidos, por cada uno de los cuales derramaste tu sangre. 

Una palabra resume la actitud de Dios hacia el hombre: ¡VEN! 

No encuentro nada digno de ofrecerse a Dios salvo su Hijo. No encuentro manera de acercarme a Él salvo en el Calvario.

Cada pequeña prueba que vivimos es una batalla por el honor de Dios.

Que mi corazón sea digno cáliz que recoja tu Sangre, Señor. Que mi vida sea cruz donde se derrame.

La cruz es el altar del autosacrificio. Esta diseñado para morir con los brazos abiertos.

Nadie conoce los planes de Dios para el nuevo Papa, para la Iglesia de este milenio. Tan distintos son sus caminos de los nuestros...

Para ser ovejas del rebaño santo en la eternidad, hay que ser ovejas del Verdadero Pastor en el mundo. ¡Cuántos son engañados con la mentira de ser pastores de sí mismos!

La Sangre de Cristo no sólo es el soporte físico de la vida de Jesús-Hombre, sino también el vaso finito del poder infinito del Verbo de Dios. He ahí el porqué del valor incalculable de la Pasión y de la Eucaristía.

Cristo no entra en nuestra vida. Es el centro de nuestra vida. Se trata de si llegamos a conocerlo, a aceptarlo, y a vivir en consecuencia.

El orgullo es como un espino espiritual. Mejor es pisarlo que vestirse con él.

Todos subimos al Calvario. Sólo debemos decidir su llevamos nuestra cruz para acabar arriba con Cristo, o gozamos de la gloria del camino sin mirar a Quien nos espera al final.

Como los vikingos debían empuñar la espada en la hora la muerte para entrar al Valhalla, así nosotros empuñemos la espada de la fe y muramos combatiendo el buen combate para presentarnos ante Dios.

Concédeme, Señor, ser pronto para reconocer la verdad y fiel para obedecerla. Porque en la mentira está el inicio de todo mal.

Somos verdaderamente hermanos de Cristo. Porque tenemos el mismo Padre y la misma Madre.

Junto al que es Eternidad, no hay sensación de tiempo. Junto al que es Luz, no hay recuerdo de la obscuridad. Junto al que es Verdad, no hay sombra de duda. 

¡Cuán poca vida para tanto amor necesario! ¡Cuán poco tiempo para ganar tan alto premio!

En el mundo, básteme lo que me des, Señor. Pero en la vida eterna, sólo Tú serás suficiente.

Lo que hace meritorio el Calvario no es la gracia con la que sostenemos nuestra cruz, sino la sangre con la que teñimos el camino.

¡Cuánto ansío serte fiel, Dios mío! ¡Cuán grande y pacificadora es la despreciadísima virtud de la fidelidad a tu amor!

Concédeme, Señor, amarte perfectamente durante un instante. Y haz que para ambos ese instante sea como mil años. 

Para las criaturas, la perfección no consiste en la infinitud de la bondad, sino en la total conformidad con la voluntad de Dios.

Al final de nuestra vida, todos entendemos lo poco que somos. Lo que diferencia nuestro final es si situamos nuestra pequeñez en la grandeza de Dios, o en la obscuridad de la nada. 

Con tu Pasión no sólo pagaste el precio de mi vida eterna. Compraste cada momento de mi vida terrena. ¿Cuándo te daré lo que es tuyo, mi Dios?

La única riqueza que pido es tu gracia; el resto, vengan y vayan según tus designios.

Es tan doloroso cargar con mi cruz sin hacerla mía... No me libres de ella, Señor. Enséñame a abrazarla como a mi propia vida.

Nuestra vida en este mundo es un alumbramiento a la vida eterna. Negar la última es convertir la primera en una corta y penosa lucha sin sentido. 

No temo los valles tenebrosos, Señor. Temo las tinieblas de mi alma. Temo el vacío y la maldad que crecen en cada rincón al que te negado el acceso. Entra y toma posesión de lo que es tuyo, mi Bien.

 

Si al morir nos convirtiésemos en nada, la muerte sería tan solo un miserable final. Pero si permanecemos eternamente en una obscuridad absoluta, entonces es la puerta a un espantoso destino...

¡Líbrame, Señor, de la obscuridad eterna!

Toma mi  voluntad, Señor. No quiero nada que me pueda enemistar contigo...

Mientras poseas algo terreno, tu mano estará cerrada asiéndolo. ¡Ábrela con confianza! Dios te la cogerá.

No estoy solo porque estás lejos, mi bien. Estoy solo porque no levanto mis ojos para verte tan cerca y tan enamorado de mí...

 

No es que Dios debería haber creado un mundo mejor. Es que nosotros no sabemos apreciar la perfección del que ha creado.

Sólo se me ocurre una cosa peor que el que Dios no existiera. El verle y no poseerle jamás.

No tenemos un Dios de grandes números. Tenemos un Creador detallista, y un Padre amoroso con cada hijo, en cada instante.

 

¿Quieres saber algo de la grandeza del Amor de Dios? Considera la horrible variedad y la inmensa obscuridad de nuestras interminables maldades. Pues sólo una gota del océano de su Amor es mayor.

Tenemos una eternidad para alabar al Señor. Pero tan poco tiempo para dar testimonio de Él...

Todo en el espíritu es incomparablemente más intenso y perdurable que en el cuerpo: el hambre y la sed, la obscuridad y la luz, el placer y la paz, las heridas y la salud.

¡Cuán grande amor nos demuestra Dios, al no adelantar el Juicio final para evitar las ofensas a su Hijo, a fin de dar tiempo para la conversión de los pecadores!  

Las puertas de la salvación y de la condenación han sido y serán siempre las mismas. Lo único que se renuevan son los pasos de quienes se dirigen a cada una. 

Contemplar la resurrección de Cristo nos da esperanza para el futuro.

Contemplar la pasión de Cristo nos da fuerzas para el presente.

Tu cruz es el pasaporte hacia el cielo. Nunca la sueltes.

Ser, conocer y amar. He aquí el compendio de la Teología. 

 

Para demostrarme lo pequeño y estúpido que soy, me basto yo solo. Pero, para entender lo grande y maravilloso que eres, necesito de otros.

No sólo hay que dar a Dios todo lo que tenemos. Hay que asegurarse de que lo que tengamos sea lo que Él nos haya dado.

A la hora de la muerte, ¡qué poco importa lo que otros han hecho por ti!

La guerra entre el bien y el mal está decidida: gana el Bien; gana Dios. Lo único por dilucidar es quién estará en cada bando cuando acabe la guerra.

 

Gracias, Señor, por crear personas mejores que yo, que te aman más y glorifican a tu nombre con mayor empeño.

 

El Espíritu Santo nos transforma de inquilinos de Satanás en herederos de Dios.

 

No puedo hacer más de lo que Dios quiere de mí. Pero quiero hacer todo lo que Él quiere de mí.

Que Dios fuera todopoderoso era esperable. Pero que fuera tan cercano y amoroso, ¡quién lo pensara!  

 

El bien es el ser que Dios afirma; el mal es la ausencia del ser que nosotros negamos. Es claro que Dios es más rápido, poderoso y constante en afirmar que nosotros en negar. 

Debemos amar a nuestros enemigos; eso no significa considerarlos como amigos.

No hay mayor dignidad que la de ser amado por Dios. No hay mayor deuda que poseer esta dignidad.

 

Resucitar es mucho más que olvidar la muerte y el dolor; resucitar es gozar de la vida sin límite, del amor sin sombras, de la luz inacabable del ser verdadero.

 

El admirable amor de Cristo no exige compresión. Exige respuesta.

La gloria asombra. El sacrificio sobrecoge. La sabiduría enriquece. Pero sólo el amor da vida.

Dios no ha creado el mundo para muchos. Lo ha creado para ti.

Es maravillosa la pureza de tu perdón, Señor. Sin esperas, sin rencores, sin dudas. Perdón total, purificador, vivificador, eterno. Perdón de poder absoluto, de deseo completo, de amor sin límite.

 

Buscar la felicidad en Dios es duro. Buscarla fuera de Él es inútil.

Mis enemigos me dan las mejores oportunidades de ser perfecto.

No tiene mérito el dolor, sino su aceptación.

No es sabio el que conoce, sino el que se goza en el conocimiento.

¿Cuántas veces ha cantado el gallo ante mí? Permite, Señor, que salga a llorar en la noche de amargura que ahoga mi corazón...

Las verdaderas barreras contra el avance del Reino de Dios las levantamos en nuestro corazón. 

La única manera de poseer a Dios es ser poseído por Él.

 

Mi pensamiento: "Daría todo mi ser por alcanzar la felicidad plena, por el final de todo dolor y de toda obscuridad, por gozar al fin de la verdadera paz."

Dios: "¡Acepto!" 

 

Trabaja por tener un corazón manso; así vendrá la paz. 

Trabaja por tener un corazón sincero; así vendrá la verdad.

Trabaja por tener un corazón generoso; así vendrá la unión.

Trabaja por tener un corazón desinteresado; así vendrá la justicia.

Trabaja por tener un corazón puro; así vendrá Dios. 

Y, mientras trabajas, reza. Porque toda cosa buena procede del Altísimo.

 

El pecar, no dejes de tener presente a Dios. Así te contendrás mejor, te arrepentirás antes y te librarás de la obstinación.

 

Asienta tu fe. Di sí. Abre tu corazón. Extiende tus manos. Arrodíllate ante el Todopoderoso. Entrégale lo que es suyo. Abandónate en sus manos. Y luego di: "¡mueve ficha, Señor!"

Sabemos que el  dinero llama al dinero. ¿Cuándo aprenderemos que el amor llama al amor?

 

El nacimiento de Cristo es la mejor muestra del amor de Dios hacia la familia.

El amor es el verdadero remedio para todas las heridas del alma.

No hay mayor distancia que la que separa un corazón obstinado de la felicidad eterna. 

 

Cuando me siento perdonado por Ti, Señor, entiendo por qué te han de llamar "Príncipe de la Paz".

La soledad es un desierto cuyo único oasis es el susurro de Dios.

 

Desear a Dios es aún mejor que gozar de los bienes del mundo. Porque lo segundo se acaba; pero lo primero se cumple por toda la eternidad.

La exigencia produce quejas. La permisividad, lamentos.

La santidad no es extraordinaria; es extremadamente discreta.. 

No entrará en el Paraíso nada que no sea de Dios. Aún estamos a tiempo de desprendernos de ello.

Nunca podremos recordar lo que ocurrió en el tiempo en que no estuvimos junto a Dios.

Dios susurra. Sus enamorados gritan.

A Dios le encantan las habitaciones pequeñas; pero le gusta entrar solo.

 

La razón no ciega a la fe. Pero la voluntad sí.

 

El Amor no es amado. La Verdad es dudada. La Luz es ocultada. Tan grande es el mal que podemos hacer cuanto es grande el Bien que rechazamos. 

 

Al mal no se le destruye. Se le disipa.

 

Hay que morir a uno mismo antes de nacer a la vida eterna. Morir a uno mismo es sentir en paz que sucede lo que va contra nuestra voluntad. 

 

La inteligencia y el conocimiento verdaderos nos acercan a Dios.

 

No es que tengamos grandes enemigos, es que somos tan poca cosa... 

 

Si Jesús hubiera creado hijos de Abraham de las piedras de Israel, ¿tendrían un corazón más duro que el mío?

 

Ni los pecados ni la ignorancia ni la lejanía son obstáculos para Dios. Pero la dureza de corazón es un cerrojo que no suele abrir para entrar en el alma. 

 

Si pudieras, ¿no escogerías como abogada a la amadísima madre de tu juez? Pues esa es María.

 

En la justicia de Dios se enraiza nuestro consuelo; en su misericordia, nuestra esperanza.

 

Nos afanamos por controlar cuándo llegaremos al final de nuestra vida, cuando lo único y más importante que podemos elegir es con quién llegamos. Yo quiero llegar contigo, mi Dios. 

 

La sangre de Cristo fue mucho más que el precio de nuestra salvación; fue el precio de nuestro amor.

 

Mi ingratitud no te llevó a la cruz, Señor, sino al pesebre. A la cruz te llevó únicamente tu inefable amor.

 

Tenemos suficientes doctores de la ley en la Iglesia. Nos faltan mártires, héroes enamorados del Crucificado que no teman los sanedrines ni los senados ni las piedras del mundo.

 

Ahora me vuelvo a levantar. Ahora me entrego de nuevo al Amor. Ahora es la hora de Dios.

 

Abrazar a un Dios triunfante es difícil. Abrazar a un Hombre que sufre, no.

 

Así como la Palabra de Dios Padre es eterna y provoca amor inefable entre Quien la pronuncia y Quien la escucha, así las palabras de Cristo son eternas y unen para siempre al Hijo y a quien las hace suyas.

 

Del Corazón abierto de Cristo brotó nuestra vida; y en nuestro corazón entrará si lo abrimos con la lanza del arrepentimiento, sobre la cruz del sacrificio, desnudos de mundo y entregados al amor.

Solo hay algo peor que tener a Satanás por amigo; tener a Dios por enemigo.

 

Tu salvación requiere el derramamiento de sangre y lágrimas. La sangre es la de Cristo, ya derramada y ofrecida; quedan tus lágrimas.

Si la eternidad no sería suficiente para que los condenados expiasen sus pecados, ¡cuán breve será para que los salvados muestren su agradecimiento!

 

Dios nos saca del fango del mundo con las cadenas de la obediencia; nos cura de nuestras enfermedades con la sangría de la humildad; nos da el pan de vida sobre la mesa de la cruz.

 

Gozamos de verdadera Paz cuando Dios es nuestro tesoro; de este modo tenemos en Él nuestro corazón, y saboreamos el inicio del reposo eterno en el Señor. 

 

En esta vida no hay perdedores; pero sí los hay en la vida futura. Por eso hay que luchar en la temporal con los ojos puestos en la eterna.

 

Si Cristo no hubiera resucitado nos habría legado la más hermosa forma de vivir en este mundo. Pero resucitó; y nos mostró que ni la verdadera vida vida ni la belleza completa ni el mundo definitivo están aquí, sino en su Reino.

 

Más que llorar la muerte de Cristo, debemos llorar el odio y la depravación que exigen de continuo aquel sacrificio.

La mano de Dios siempre es suave, lo mismo cuando acaricia que cuando poda.

Como los Vikingos antaño, deseo que la muerte me encuentre con la espada en la mano. Con la espada de la fe, del sacrificio, de la entrega, del amor.

Nuestra perversidad preparó el calvario y la cruz. Pero sólo el amor consiguió un Cordero para el sacrificio.

A toda alegría precede su esfuerzo; a todo conocimiento, su estudio; a todo logro, su renuncia; a  toda resurrección, su calvario. 

El ayuno que Dios nos pide no es la privación de un bien necesario, sino de uno deseado. Porque el Señor no quiere privarnos de lo que necesitamos, sino que seamos conscientes de que los vienes terrenos adormecen el alma y la hacen olvidar cuánto anhela el Bien Supremo.

 

Mientras me aterre estar a tu lado en aquel momento en que te sentiste completamente abandonado en la cruz, no me podré llamar amigo tuyo, Jesús.

 

Ya que me he manchado las manos de tu sangre mientras te flagelaba, permíteme, Jesús, que me las manche de tu sangre mientras me abrazo a tu cruz.

El verte cara a cara, cuando el Padre lo quiera, Jesús. El sentir el perfume de tu aliento o el calor de tu mirada, cuando a ti te complazca, Señor. Pero el pisar sobre tus huellas sangrientas,  el estar en silencio mientras oras agonizante, el sujetar parte de tu cruz, eso que nunca me falte, mi Bien.

 

¡Cuántos talentos de vida ocultos en la tierra de la ingratitud! ¡Cuántas lámparas de aceite de gracia vaciadas en las breves fiestas del mundo! ¡Cuántos leprosos del espíritu vociferando que lo son en lugar de acudir al Médico que les puede salvar!

Qué desconsuelo el mío cuando te rechazo, Señor. Qué grandísima tristeza y vacío ante el rostro fiero del mundo. Y qué paz siento a tu lado, Jesús. Que dulce y cálida seguridad junto a ti, y qué lejano todo lo que no eres Tú. 

Si un mundo pequeño, lleno de tristeza y miseria nos cautiva y apasiona, Señor, qué será en el inagotable universo de tus delicias, en el inefable abrazo de tu amor eterno.

Si Dios nuestro Creador nos causa ternura cuando lo vemos como un bebé necesitado, cómo no va a sentir Él ternura por nosotros, sus criaturas, viéndonos pequeños, débiles y perdidos.

Hazme tu hermanito, Jesús, para que María me encuentre a tu lado y me cuide contigo.

Apuesto a que el regalo que más te gustó en Belén fue la mirra, Señor. Porque no viniste a ser adorado o aclamado, sino a morir por nosotros.

Arrodillarse ante un rey es un gesto exterior. Pero arrodillarse ante un bebé dormido en el suelo es un acto natural, un reflejo del corazón. ¡Cuán admirable es la sabiduría de Dios!

El conocimiento del bien y el conocimiento del mal son semillas espirituales; y no hay semilla que no germine en la tierra de nuestro espíritu.

Los milagros, las grandes señales, la extraordinario, las estrellas que viajan y se detienen sobre un pueblo nos acercan a Dios.

Pero si queremos encontrarle, si queremos besarle, si queremos sentir su corazón, tenemos que entrar en los establos, pisar las pajas, agacharnos bajo los maderos fríos, y arrodillarnos ante los pesebres.

Cuando la luz de Dios desaparece de nuestra alma, como la luz del día en la crucifixión de su Hijo, debemos permanecer unidos a la cruz como Él hizo.

Cuando la niebla de la prueba oculta tu presencia, Señor, es fácil saber qué camino tomar: siempre cuesta arriba.

Después del juicio final, nos olvidaremos del sufrimiento, o de la felicidad.  

Señor, tu llanto en el pesebre hizo acallar el fasto mundo. Tu silencio en la cruz disipó el estruendo de la muerte.

Jesús, mi Señor, cuántas veces mi mente se engaña, creyendo que algo fuera de Ti es permanente...

El infierno en esta vida consiste en necesitar a Dios y rechazarle. El infierno en la vida futura consiste en necesitar a Dios y ser rechazado por Él.

Tendemos a pensar que las cruces que recibimos son para llevarlas, es decir, para probar nuestra paciencia. Pero no lo son; las cruces son para ser crucificados, es decir, una maravillosa herramienta para abandonarnos a la voluntad de Dios. 

Jesús, Tú eres el único amante al que puedo prometer amor más allá de la muerte.

De Cristo conozco amigos. De Satanás, sólo esclavos.

No hay infierno suficiente para nuestra ingratitud, ni mérito merecedor de la visión de Dios.

Prefiero, Señor, un susurro de tu sabiduría a mil lecciones mundanas. 

Prefiero una caricia de tu amor a una eternidad de placeres. 

Prefiero una palabra tuya a todos los libros escritos por hombres. 

Prefiero, Señor, tu llamada a todas las seducciones del mundo.

El silencio de cuerpo y alma es el aula donde el Maestro enseña.

Jesús, como María Magdalena con tus pies, quiero besarte cuando te tengo entre mis manos como pan. 

Hazme ungüento para tus heridas, Señor.

Señor, ¿cuándo aprenderemos que la unidad es uno de los principales frutos de tu presencia?

Orar es derramarse, abrirse, ofrecerse. Orar es dejar de pertenecerse a uno mismo. Orar es saberse pequeño y mirar la verdadera grandeza. Orar es estar con tu Padre a solas. 

Señor Jesús, toma mi corazón. Para amar al Padre prefiero utilizar el tuyo.

Cuando yo no te amo, Tú me amas, Señor. Concédeme, Padre, que cuando no sienta tu amor, yo te ame.

Padre, te siento tan grande, tan inefable... ¡Ya voy conociéndote mejor!

 

Señor, tus enemigos supieron encontrarte en el monte de los Olivos, orando en soledad cerca de tus discípulos. Que nosotros sepamos ahora encontrarte en la Eucaristía, intercediendo por todos y cercano a quienes te buscan.

Nos amaste como te amó el Padre, Jesús. Concédenos, Señor, que amemos al Padre como Tú nos amaste.

No me importa estar ciego o cojo ante el adversario. Pero nunca me dejes, Señor, estar cansado frente a él.

Señor, cuando sostengo en mi puño las rosas de mis sacrificios para que admires su color, tu me das la vuelta a la mano y besas la sangre que sus espinas hacen brotar en mi palma.

En la bondad inagotable, en la belleza eterna, en el amor sin límite. En Tí. Sólo en Ti puedo ser feliz, Señor.

Poesía es la expresión de la belleza por medio de la palabra. Dios Padre es Belleza, y el Hijo es su Palabra. Luego Cristo es la Poesía de Dios; Poesía de Amor.

 

Mi siento ciego. Pero el Señor es mi Luz.

Me siento débil. Pero el Señor es mi Fuerza.

Me siento perdido. Pero el Señor es mi Pastor.

Me siento desamparado. Pero el Señor es mi Refugio.

No tengo nada. Pero tengo mi fe: la certeza de que poseo todo, de que Dios me ama, me protege, me guía y me espera.

Y en la Eucaristía me lo vuelve a decir suavemente.

Convertir el desierto de mi espíritu en un jardín agradable para Ti no puede ser un movimiento de mi voluntad, sino un acto creador de vida. ¡Ven, Espíritu Santo, a tu siervo!

Jesús, que los clavos del deber y la fidelidad me mantengan en la cruz de la entrega a tu voluntad.

María, recuérdame que mi lugar está con tu Hijo Jesucristo; saboreando palabras de vida en la montaña, despreciado y abandonado en la cruz, vivo y gozoso para siempre en su Reino.

Jesús, desata las vendas de mi pecado, y abre la losa de mi corrupción, para que resucite a tu gracia ahora, y a la vida eterna para siempre.

Dios mío, que así como no me acordé de tu poder, tu justicia y tu amor al ofenderte, me olvide ahora de mi indignidad, mi debilidad y mi vergüenza para pedirte perdón.

Permite, Padre, que la sangre del Crucificado corra por los surcos de mi alma penitente como por los del madero al que le clavaron.

Señor, concédeme la perfecta alegría, la que nos hace sonreír con humildad en la prosperidad, con esperanza en la adversidad, con moderación ante los demás, sin límite ante Ti, y siempre con gratitud y con espíritu de alabanza.

Señor, viniste al mundo no sólo para redimirnos, sino principalmente para demostrarnos tu amor. Así, yo quiero no sólo alcanzar la vida eterna, sino amarte en cada momento y hasta la muerte.

La cruz es el altar de nuestras posesiones. Todo lo que no está clavado en ella, o es de Dios y no nos pertenece, o es del mundo y no tiene ningún valor para la eternidad.

Padre, perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación, como tampoco nosotros dejamos a nuestros hermanos caer en la tentación. Y líbranos del mal, como también nosotros libramos a nuestros hermanos del mal. Amén. 

Jesús, ayúdame a cumplir la voluntad del Padre, y enséñame a amarla. 

 

Tu justicia nos da lo que merecemos, Señor. Pero tu misericordia disminuye nuestras culpas, y tu generosidad aumenta nuestros méritos. 

Dios mío, Tú me amas desde siempre, desde que eres Dios. Yo quiero amarte para siempre, mientras seas Dios. 

¿Cómo temerte, Señor Jesús, si me hablas siempre con tanta dulzura? ¿Cómo no temerte, si te traiciono cada día, mi bien?

 

 

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