Comentarios a las Escrituras

"En verdad, en verdad os digo que el que guarda mi palabra, nunca verá la muerte". [Jn 8,51]. "María, por su parte, guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón". [Lc 2, 19]

Escuchando la Palabra de Dios el Señor nos instruye y alimenta. Mas  meditando sobre ella podemos, además de recibir, dar gloria a Dios.


"Jesús le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete; y en adelante no peques más." [Jn 8, 11b]

Los escribas quieren apedrear a la mujer adúltera. Eso enseña la Ley de Moisés; eso es lo debido a la Justicia de Dios tras la ofensa a su Voluntad.

Jesús hace primero oídos sordos. ¿Hasta cuando tendrá que soportar a esta generación perversa? (Mt 17, 17). Ante la insistencia de los ansiosos verdugos, nos demuestra de nuevo cómo no miramos con los ojos de Dios: quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. No dice que la mujer no merezca un castigo por su culpa, pero enseña que sólo el que no tiene mancha puede reclamar la justicia de Dios. Y ninguno de los que sostenían piedras estaba libre de culpa; de modo que Jesús queda solo con la mujer.

Jesús sí puede ejecutar la Justicia de Dios; de hecho, lo hará al final de los tiempos. Pero no condena a la mujer. ¡He aquí el misterio de la redención! El único que puede descargar la Justicia, es también el único que puede satisfacerla. La pena debida a la culpa del pecado original debía ser cumplida por un hombre; pero únicamente el mérito infinito de Dios podía saldar definitivamente la deuda. ¡Por eso Dios se hizo Hombre! Y por eso Cristo no condena a la mujer. Él puede hacerlo, es el Juez, pero también es el único fiador con poder. De modo que fía, y advierte. Se muestra Inmaculado, todopoderoso, misericordioso, ¡y exigente!

¡A qué otro Dios podríamos amar los hombres!
 

"La verdad os hará libres" [Jn 8, 32b]

El Maestro nos enseña, previendo el error que difundirá después el padre de la mentira; y es que hemos aceptado que la libertad es la capacidad de obrar sin coacción, y que incluso el mal es un precio aceptable por la libertad. Hemos aceptado que la bondad limita la libertad, o como máximo que la "conduce". Pero no es así.

La libertad es lo contrario a la esclavitud. Y todo mal es una una forma, causa y consecuencia de esclavitud; de modo que la libertad es incompatible con el mal, con el pecado, con el rechazo a la voluntad de Dios. La libertad es una consecuencia de la gracia, es la capacidad de elegir lo que queremos según el sano impulso de nuestra voluntad, es decir, la capacidad de elegir el bien. Por eso el pecado nos hace esclavos; por eso el conocimiento del bien, que nos permite elegir voluntariamente lo que agrada a Dios, nos hace libres. Por eso la verdad, que nos sitúa cara a cara ante la realidad tal y como Dios la conoce, es decir, tal y como es, nos hace libres.

Aún más, Jesucristo es la Verdad. Sólo la Verdad ilumina el Camino, y sólo el Camino lleva a la Vida. Todo ello es nuestro Señor: Camino, Verdad y Vida. Seamos pues libres en verdad; seamos libres en la Verdad. Libres en Jesucristo.

 

COMENTARIOS A LOS DOLORES DE LA VIRGEN MARÍA

"Simeón los bendijo y dijo a María: 'He aquí que este niño está destinado a ser caída y resurgimiento de muchos en Israel; será signo de contradicción y una espada atravesará tu alma, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones.' " [Lc 2, 34-35]

Conforme a la ley de Israel y a la ley que Dios ha escrito en tu alma con sus propios dedos, igual que en las tablas de Moisés, Tú presentas al Señor a tu Hijo. Y recibes la rebelación de que el rayo de Luz que ha nacido de tus entrañas es vida para la vida y muerte para la muerte; vivificará lo que vive en Dios y secará lo que agoniza lejos de Él. Pero si el dar la vida al salvador no hirió tu vientre virginal, el participar de su Amor redentor sí herirá tu Corazón Inmaculado. Si Dios respetó a su criatura naciendo de la siempre Virgen, el hombre no respetará a la Madre de Dios y la ofenderá, matará a su Hijo en incluso la olvidará cegado de su mortal obstinación. Dios atravesó la puerta de tu seno, sin abrir ni cerrar, para llegar al hombre; mas el hombre tendrá que pasar por tu Corazón, abierto por nuestros pecados, para llegar a Dios. El Señor bajó al hombre mostrándose a Ti y tomando de tu carne la naturaleza humana, una sola vez y sin quitar ni disminuir nada en Ti; el hombre subirá a Dios mostrándose también a Ti y tomando de Tu Corazón el Espíritu Santo, atravesando la herida de Amor que en Él permanece para siempre.

"Un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: 'Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estáte allí haste que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo'. Él se levantó, tomó al niño y a su madre, se fue a Egipto y estuvo allí hasta la muerte de Herodes." [Mt 2, 13b-15a]

Aún es un bebé y ya quieren matarlo; aún no habla ni anda pero quieren degollarlo. ¡Ay! José os lleva a Egipto, y Tú estrechas al niño en tu pecho para salvarlo del mundo. Pastores y reyes adoran a Jesús, mas el mundo odia a muerte al Señor. Mientras sea pequeño podrás ocultarlo, pero pronto andará y hablará y predicará ante sus enemigos, realizará milagros en Sábado, comerá con pecadores e irá a Jerusalén para que lo crucifiquen. Entonces asombrará a las multitudes, confundirá a los sabios, será la Luz del mundo y regará con su sangre el altar de nuestra redención. Mas ahora es un bebecito que mama y llora, y Tú lo abrazas en la obscuridad, huyendo a una tierra extraña sin poder contener tus lágrimas por nuestra ingratitud...

"El niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres se dieran cuenta. Al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en busca suya. Al verlo se quedaron maravillados y su madre le dijo, "Hijo, ¿por qué has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados." [Lc 2, 43b.45.48]

No hay mayor angustia que la de buscar a Dios cuando se le ha perdido. Y qué pronto se te oculta tu divino Hijo, María, para adelantarte del amarguísimo cáliz que luego beberás con amor. Qué pronto busca el Pastor a sus ovejas perdidas, dejando en el redil a las que ya son suyas. Y qué larga es la espera y qué difícil el camino sin la confortante presencia del Niño, que ya se te ha hecho hombre, y al que Tú necesitas más que Él a Ti. Prueba primero tu amor en la ausencia del que es tu Corazón, pues tendrás que probarlo en la muerte del que es tu Vida. Ahora se te somete el Rey del universo, pero llegan días en que se apartará de ti para ir en busca de sus amadísimas ovejas, y se entregará a los lobos a fin de liberarlas del dolor que, breve pero intensísimamente, sientes Tú ahora en ausencia de tu Bien.

"Vosotros los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor como el dolor que me atormenta" [Lam 1, 12a]

He ahí a tu Hijo, María. Al que antaño ofrendaron oro, ahora han coronado de espinas; al que de niño honraron con incienso, ahora han burlado, insultado, escupido, abofeteado, humillado; al que recién nacido ofrecieron mirra, ahora han azotado sin piedad.

Tu Hijito, el manso Cordero de Dios, carga con su cruz bañado en la sangre que brota de sus heridas mortales, y ningún profeta le llamaría ahora sino varón de dolores. Vuestras miradas se cruzan y probáis de la amargura que colma el Corazón del otro, de modo que ante el Padre tú seas altar, vaso y hasta víctima en el sacrificio de tu amado Hijo por nuestra redención. ¡Cuánta obscuridad sientes al ver a la Luz del mundo! ¡Cuánto dolor al contemplar a quien ha venido a sanar a los enfermos! ¡Cuánta amargura ante quien endulza el cáliz del sacrificio! ¡Cuánta soledad y desconsuelo ante el que enjugará toda lágrima! ¡Oh, Amor, cuán alto es el precio de tu manifestación plena! ¡Qué cruel el azote que desgarra los Corazones Unidos para que en ellos fructifique la semilla de la Salvación!

"Desde la hora sexta se extendieron las tinieblas sobre la tierra hasta la hora nona. Hacia la hora nona exclamó Jesús con voz fuerte, diciendo: 'Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?'. Dando de nuevo una gran voz dijo 'Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu'; y diciendo esto expiró" [Mt 27, 45-46] y [Lc 23, 46].

¿Quién te consolará, María? Si el Hijo de Dios grita al Padre, desamparado y rodeado de tinieblas, ¿a quién acudirás tú, su Madre y su sierva? ¿Con qué lágrimas se llora a un Hijo abandonado por Dios a la peor de las muertes? ¿Con qué Corazón se sufre e implora por un Dios, hecho Cordero y herido hasta la muerte por sus enemigos? ¿Dónde habrá luz para tus ojos si la Luz del mundo agoniza entre terribles tormentos?¿Con qué vaso recogerás la sangre del Santo que brota de heridas sin número y desciende por el madero hasta besar la tierra en la que te arrodillas? ¿Quién pronunciará una palabra de aliento para tus oídos mientras  escuchan el grito desgarrado del Crucificado?

Tu Hijo lo ha entregado todo. Habrá más amor, pero no mayor amor, pues nunca se ha dado tanto. Y antes de consumir su último aliento, entregado hasta el fin, el Redentor mira a su Padre, origen, vida y fin del Amor. Final de la última y mejor lección de Cristo en el mundo. Después, la gloria.

"Mi amado se había ido. Se me fue el alma tras de Él. Lo busqué y no lo encontré, lo llamé y no respondió" [Cant 5, 6]

El alma y la divinidad de Jesús se han ido, María. Y Tú abrazas el cuerpo de tu Hijo, bañado en su sangre, ciegos tus ojos sin lágrimas y sin Luz. Ahora se cumple un misterio que sobrecoge  a los ángeles; tu Corazón late, a impulsos de amor, sin que lo haga el de tu Hijo. ¿Cómo sobrevive la espiga sin la tierra en la que enraizó? ¿Qué agua transporta el río si su fuente se secó? Mas nada hay imposible para Dios, que abre fuentes en el desierto. El alma del amor vive en tu Corazón como el fuego en las ascuas a la espera de que el aire de la gloria lo avive para siempre. Quizá es tu Corazón ahora el único refugio en la tierra para nosotros, que hemos crucificado al Mesías, mientras Él no resucite.  

El Bebé de Belén, el Niño del templo, el Predicador de la montaña, el Pastor y Maestro de multitudes, el Profeta de Jerusalén, el Hijo de Dios hecho hombre, ha muerto, y su Madre abraza en silencio su cadáver desfigurado mientras, en su Corazón traspasado, germina una oración de redención.

"Se derriten en lágrimas mis ojos, porque está lejos de mí el consolador, que me devuelva la vida." [Lam 1, 16]

Si la muerte de Cristo veló el gozo de su Nacimiento, la sepultura de tu Hijo oculta la alegría de la Anunciación. Nunca Dios pareció tan lejano, María, y sin embargo nunca te ha sostenido con su brazo poderoso como lo hace ahora. Tú que siendo Virgen has sido Madre de Dios, perdiendo a tu único Hijo serás Madre de todos los hombres. Siendo Pura te presentaste en el Templo para la purificación y ahora, siendo Inmaculada, sufres el purgatorio de la ausencia del Todopoderoso, pues el Señor poda con justicia el mejor sarmiento de su Vid. Y es que habiendo seguido a Jesucristo allá donde fue, Él no te permite seguirle ahora a los infiernos, único lugar donde la Reina de la Creación no puede estar, pues tu presencia es cáliz rebosante del consuelo de Dios.

Deja que le oculten, María, deja que entierren el Cuerpo del Salvador, pues en silencio Dios ejecutará el fin de la Redención del género humano. ¡Oh, qué grandísima, que amarga, que inconsolable, que indecible soledad, a la espera de un triunfo inefable!

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COMENTARIOS A LOS MISTERIOS GOzOSOS DEL ROSARIO

"La virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios” [Lc 1, 35]

Dios se hace hombre en tu seno, María. Si por obediencia se entrega, por amor se hace carne; si el Verbo nos redime, la Sabiduría de Dios nos eleva y honra nuestra naturaleza. Y todo ello en el arca cerrada de tu vientre, Virgen y Madre, Mujer Inmaculada.

En nombre del Todopoderoso, el ángel solicita con devoción el sí de una muchacha para la mayor obra de Dios, Creador y, ahora, criatura que llorará, pasará fatigas, orará necesitado, abrazará la muerte y abrirá las puertas del cielo para todo el que crea en Él.

"Así que Isabel oyó el saludo de María, exultó el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo” [Lc 1, 41]

¡Salve, llena de gracia! ¡Salve, dispensadora de la gracia de Dios! Tu visita es la visita de Dios, tu saludo es el soplo de la gracia, tu presencia, heraldo del Altísimo y esperanza de salvación.

Tu palabra, Reina y Madre de Misericordia, es fuente de alegría; por ella nos llega el perdón que tu Hijo obtuvo, por ella se derrama sobre nosotros abundantemente la gracia de Dios. Ven a nosotros, María, y venga a nosotros tu Esposo, el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, y tu Hijo, nuestro Salvador. Amén.

"Estando allí, se cumplieron los días de su parto, y dió a luz a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, por no haber sitio para ellos en la posada.” [Lc 2, 6-7]

Verdaderamente el Reino de Dios empieza con una semilla de mostaza. Esperábamos un libertador todopoderoso y se nos da un bebé, un chiquitín en pañales que ha nacido al calor de las bestias, pues no había habitación para sus padres. Dios viene al mundo no como fuego o huracán, sino como suave brisa, y no se le encuentra en la corte ni en el Templo, sino en el leve llanto que apenas rompe el murmullo nocturno de un pueblo del desierto. Dios nos ama hasta el extremo, y si bien nos había repartido hasta ahora sus talentos según su Providencia, nos acaba de entregar el tesoro de toda su gracia: Jesús.

"Conforme a la ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarle al Señor” [Lc 2, 22]

El que se humilla será ensalzado. Y para demostrárnoslo ¡oh, maravilla para los ángeles! siendo Dios te haces hombre, Jesús, y siendo hombre te sometes respetuosamente a las leyes de los hombres.

Y así lo hace tu Madre; la siempre Virgen, la Inmaculada, ofrece sacrificios de purificación. Y en el mismo día se le presenta al Padre a su Hijo hecho carne, que será bautizado, pagará los impuestos, asistirá a banquetes, celebrará la Pascua y predicará en las sinagogas, exigiendo para el César lo que es del César y para Dios lo que es de Dios. Porque su Reino es un Reino de mansos y humildes de corazón.

"El niño se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo echasen de ver [...] Al cabo de tres días le hallaron en el Templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles. [...] Y él les dijo ¿por qué me buscábais? ¿No sabíais que es preciso que me ocupe de las cosas de mi Padre?” [Lc 2, 43b.46.49]

El que te encuentra después de haberte perdido recupera la salud, Señor. Porque Tú eres el Camino, la Verdad, la Resurrección, la Luz y la Vida.

Y para los que te buscan con piedad, siempre esperas pacientemente en el Templo. Allí instruyes a los sabios, oras por los pecadores, mueves el corazón de los que te contemplan y ofreces tu pecho a los que se llegan a Ti, agobiados por el yugo del mundo. Como buen pastor buscas a tus ovejas por todos los campos, para enviarlas por fin a la casa del Padre.

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COMENTARIOS A LOS MISTERIOS DOLOROSOS DEL ROSARIO

"Adelantándose un poco, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: 'Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz; mas no se haga como yo quiero, sino como tú quieres.'” [Mt 26, 39]

Llegado el momento y como prólogo de salvación, oras al Padre. Tantas veces lo hiciste, pero poquísimas de tus plegarias nos llegaron.

Rostro en tierra, como se ora ante Dios, como se ora en gran angustia, hablas en voz alta. Y tus discípulos, y nosotros con ellos, te oímos llamar Padre al Altísimo, y temblar mientras tomas el cáliz de tu inefable pasión, bebido por el inocente para la salud de los culpables, y entregarte al fin a la voluntad de un Dios cuyo amor excede la medida de toda cordura. Un sí te trajo al mundo, y un sí te saca de él.

"Y a Jesús, después de haberlo azotado, le entregó para que lo crucificasen." [Mc 15, 15b]

Dos suplicios roban las fuerzas del Señor: la flagelación y la corona de espinas. Unidos a los insultos, salivazos y golpes, al abandono de todos sus amigos y al peso de la cruz, dejarán una sola fuente de fuerza que permitirá a Jesús llegar a lo alto dela cruz, ofreciéndose como víctima voluntaria; esa fuerza es el poder de Dios, que arde en su Corazón como amor a los hombres.

Cada latigazo libera la sangre del sacrificio, y añade un punto a tu dolor por nuestra ingratitud, Señor. Tu espalda robusta recibe el cruel castigo del mundo, mientras en tu Corazón nos guardas seguros como carísimo rebaño.

"Y, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza [...] Y, escupiéndole, tomaban una caña y le herían con ella en la cabeza." [Mt 27, 29a.30]

Burlarse de Ti, como si el Rey del universo fuero un loco, como si el Hijo de Dios fuera un despreciable despojo humano, no fue suficiente, Jesús.

Te pusimos una corona de espinas. Clavamos sus puntas en tu cráneo; y te golpeamos hasta que el dolor de sus horribles heridas no te permitió pensar. Así te quitamos todas las razones para amarnos; se te nubló la vista, perdiste el equilibrio y te cubrimos de hediondos salivazos. Y tan solo el rítmico son del latido de tu Corazón, que ahora retumbaba en tu cabeza, te mantuvo de pie hasta la cruz.

"Tomaron, pues, a Jesús, quien, llevando su cruz, salió hacia el sitio llamado Calvario" [Jn 19, 17]

Una última prueba, Señor. Carga con la cruz en la que te matarán, y preséntate completamente derrotado y despreciable ante quienes creyeron en Ti.

Las mujeres de Jerusalén llorarán por el profeta a quien, como a los demás, van a  matar. Al Cireneo le obligarán a ayudarte para que llegues al suplicio. La Verónica se adelantará para dar un respiro a un moribundo, el mismo que habló con autoridad en la montaña  y dió de comer a las muchedumbres. ¿Acaso alguien besará la sangre que derramas por las calles de Jerusalén?

"Las tinieblas cubrieron toda la tierra [...] Jesús, dando una gran voz, dijo: ' Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu'; y, diciendo esto, expiró." [Lc 24, 44b.46]

La victoria total pasa por la derrota más triste. El inefable amor de Dios nos ofrece una prueba que nadie se atrevería a pedir, y la luz del mundo se apaga ante nuestros ojos para adueñarse de nuestro corazón.

El mundo desprecia al hijo de Dios y lo mata después de humillarlo y torturarlo; la piedra angular es desechada. Cristo, abandonado de todos, se ofrece al Padre, y  su preciosísima sangre, vertida en favor de nosotros que le hemos dado muerte, es para siempre la prueba admirable de que somos hijos de un Dios misericordioso.

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COMENTARIOS A LOS MISTERIOS GLORIOSOS DEL ROSARIO

"¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado.” [Lc 24, 5b-6a]

 ¡Aleluya! ¡Qué obra de Dios es ésta, tan insondable y rebosante de gracia! Cristo, si nuestra salud enraiza en tu gracia y bebe de tu sangre ofrendada, nuestra esperanza de vida eterna es el fruto de tu Resurrección.

Radiante y fuerte nos alzas la barbilla para que miremos al cielo los que llorábamos, fijos nuestros ojos en la tierra. Mueves piedras y desbaratas las guardias para reclamar nuestras almas y llenarlas de gozo con la certeza de que has vencido, de que tu gloria jamás será ensombrecida y de que tu Reino, que has preparado para los que te buscan, no tendrá fin.

"Y mientras los bendecía se alejaba de ellos y era llevado al cielo" [Lc 24, 51]

¡Aleluya! He aquí la culminación de la estancia de Cristo entre los hombres. En la Encarnación glorificó al hombre haciéndose hombre, y ahora es glorificado por el Padre a la vista del hombre, ocupando el trono del Verbo de Dios con majestad imperecedera.

Si en la Encarnación depositó gracias innumerables en María, Madre de la Iglesia, ahora asciende bendiciendo abundantemente a los Apóstoles, semilla de la Iglesia y del Reino de Dios entre los hombres. No ha venido a condenar sino a salvar, y bendice, bendice, bendice. El Dios-hombre ocupa su puesto a la diestra del Padre y su gloria total es gracia para el hombre, a quien ama como al Padre.

"Aparecieron, como divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo.” [He 2, 3-4a]

¡Aleluya! He aquí el Abogado, el Consolador, el Espíritu de Dios que ilumina y fortalece, que dirige y alienta, que vivifica y hace crecer.

El Espíritu viene a cada alma, y en cada alma es fuego que lo llena todo. Como desde la venida de Cristo y hasta el fin de los tiempos, este signo principal de la gracia de Dios se produce en el seno de la Iglesia. En ella, el Espíritu Santo bendice a cada alma, y el indivisible se divide para unir a los divididos. Su gracia se distribuye en dones, fundados en el fuego de la caridad que abrasa, purifica, renueva, ilumina y se extiende al resto de los hombres. EL Padre ideó el cuerpo místico que es la Iglesia; el Hijo lo formó; ahora el Espíritu Santo lo vivifica, y crecerá hasta el fin del mundo. 

"Yo soy para mi Amado, y mi Amado es para mí” [Cant 6, 3a]

¡Aleluya! Ni la corrupción del pecado ni la sombra de la muerte se acercan a la Virgen Madre de Dios.

Si en la Encarnación el Verbo de Dios vino a tu seno, María, y tomó la condición de siervo, en la Aasunción Dios te lleva a su seno y te presenta como Señora, primera heredera y mejor fruto del Reino. Tu cuerpo y tu alma no serán divididos, pues son la flor olorosa del género humano, el huewrto de las delicias de Dios, el río surgido de la fuente de la gracia, la primera y más preciada cosecha de la redención. Tu Amado te toma, con delicadeza y perfección, como tomó la naturaleza humana, y se da a Ti por completo, sin velos, imágenes o especias. Y el cielo exhulta de alegría porque ya tiene Corazón.

"Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta por el sol, con la luna bajo sus pies y sobre la cabeza una corona de doce estrellas.” [Ap 12, 1]

¡Aleluya! He aquí una señal grande en el cielo, grande en la inmensidad, grnade en la altura, grande en el escenario de las obras de Dios. La Madre de Dios es coronada como Reina y Señora de todo lo creado.

Los astros que alumbran al hombre son sus adornos. Si el sol la envuelve, la justicia, la sabiduría y el poder de Dios la circundan. Sobre la luna descansan sus pies, como sobre la ciencia la templanza, la prudencia y la fidelidad. Y las estrellas más brillantes la coronan Reina, como Señora la coronan la humildad, la caridad, la misericordia y la fortaleza. La Trinidad todopoderosa te honra, María, en el capítulo triunfal que los bienaventurados cantarán para siempre.

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COMENTARIOS A LOS MISTERIOS LUMINOSOS DEL ROSARIO

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.” [Lc 3, 21-22]

En Ti, Señor, se unen Cielo y Tierra. Te bautizas como nosotros con agua; pero transformas el bautismo en sacramento de Espíritu Santo y fuego. Te sometes como indigno al profeta, pero Dios Padre te eleva como Hijo Amado. Oras a Dios como criatura; y Dios te responde como a Igual. Te retiras al desierto árido y lo transformas en templo de manifestación pública de Dios.

Permítenos, Señor, escuchar hoy la voz del Padre, y no cerrar los ojos a la luz de la Verdad, confundiendo la palabra eterna con el trueno efímero.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: No les queda vino. Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él diga”. [Jn 2,3-5]

Te dejas seducir, Señor. Que no ha llegado tu hora, dices a María, pero inicias tu camino al Calvario en la alegría de la fiesta. Cualquier momento es bueno si es la voluntad de Dios, cualquiera si María lo pide.

Permítenos, Señor, saborear el vino de tu presencia en la alegría y en la tristeza. Permítenos tener como única fiesta el escuchar tu voz. Permítenos gozar del último mejor trago en cada momento, momento de tu amor y de tu voluntad. Y permítenos tener a María como única consejera.

"Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.” [Mc 1, 14-15]

Así que un pequeño lago fue el escenario de la proclamación de la plenitud de los tiempos. ¡Cuántos creerían que habría de ser en la capital del mundo, o en el mayor de los templos!

¡Cuánto nos enseñas en una sola frase, Dios mío! Creer no es una opción más, es la única opción buena, es la voluntad de Dios, es nuestra vocación y nuestra salvación. Y no los lo pides a cada uno, nos lo pides a todos juntos: ¡Creed!

Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. […] Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.” [Lc 9, 28b-29.34-35]

Al inicio de la vida pública, Dios te proclama Hijo suyo ante todos. Antes de la Pasión, lo vuelve a hacer ante los suyos. Porque muchos son los llamados, y pocos los escogidos.

Escógenos, Señor, para acompañarte a la Pasión. Que sepamos que no eres vencido por nuestra maldad, sino que te entregas con poder sobre la muerte para vencerla definitivamente.

Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: "Tomad, comed, éste es mi cuerpo". Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: "Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados”. [Mt 26, 26-28]

¡Misterio de Luz eterna! Lo eterno en lo temporal, el Espíritu en la materia, lo infinito en lo manejable, la salvación eterna en la comida diaria. Si ya es incomprensible tu suprema demostración de amor en la Pasión, aún la perpetúas en lo cotidiano para siempre...

¿Qué ves en nosotros, Jesús, para quedarte tan callado esperando nuestra aceptación? ¡Danos luz para admirarnos! ¡Danos amor para amarte!

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